Rata de agua (Arvicola sapidus)

Uno de los mamíferos más desconocidos y esquivos de la Península Ibérica, y por ende del Parque Regional del Sureste, seguramente sea la rata de agua. Una mal llamada “rata” ya que, aún siendo roedor como ratas y ratones, en realidad está más emparentada con los topillos.

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Rata de agua nadando entre el carrizo y la enea de nuestra laguna.

Presente en Francia, España y Portugal, este rechoncho animal diurno de cabeza redonda, orejas poco desarrolladas y color marrón o gris, tiene un cuerpo de entre 16 y 23 cm y una cola de hasta 15 cm. De hábitos anfibios, vive entre la vegetación de las riberas de los ríos, arroyos  y humedales en zonas con agua en buen estado y llega a pesar entre 150 y 300 gramos.

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Siempre esquiva y difícil de ver entre la vegetación palustre.

Su alimentación es principalmente herbívora a base de raíces, brotes tiernos y hojas de plantas acuáticas, aunque puede llegar a comer pequeños animales como crustáceos, larvas o insectos en alguna ocasión. Construye galerías bajo tierra, a poca profundidad, a las que accede por entradas tanto en superficie como bajo el agua y en donde construye un pequeño nido con hierba seca para criar a su descendencia (normalmente 2 camadas al año de 3 ó 4 ejemplares).

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Ejemplar fotografiado con nuestra cámara trampa en los alrededores de nuestro centro.

Sus principales amenazas son la destrucción y la contaminación de su hábitat. Es presa de depredadores tales como la lechuza, la nutria o el visón y en su día, el hombre también la cazaba y comía formando parte de platos tan tradicionales como por ejemplo la paella (en la Albufera se la conoce como rata de marjal y vive en los arrozales) . Es muy difícil de observar pero, si vienes cargado de paciencia y con algo de fortuna, puedes descubrirla desde el observatorio situado dentro de nuestro recinto. Ven a buscarla y… ¡mucha suerte!

Bibliografía

“Guía de la naturaleza en el Parque Regional del Sureste” Editorial Naumanni. 2005.

http://www.sierradebaza.org

http://www.faunaiberica.org

http://www.sierradebaza.org/Fichas_fauna/05_09_rata-agua/rata-agua.htm

Noviembre en El Campillo

Es en este mes cuando el otoño entra de lleno en El Campillo gracias a las lluvias y la bajada de temperaturas. El cielo se cubre de nubes oscuras, aparecen los charcos en el camino, la niebla de vapor surge de la laguna las mañanas de los días despejados y el entorno cambia de color.

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Los colores típicos del otoño están en todo su esplendor y son los momentos de sol tras las lluvias los mejores para disfrutarlos. De hecho a final de mes, los árboles empiezan a desnudarse y el camino que da acceso a nuestro centro empieza a llenarse de las hojas caídas. Son las hojas de los árboles del bosque de ribera (fresnos, álamos blancos , álamos negros, olmos, sauces) los que se tiñen de amarillo, naranja y marrón cayendo al suelo dejando paso a la yemas de las que saldrán las flores a finales del invierno. Por su parte, las aromáticas como el romero y el tomillo o árboles como los pinos, debido a su carácter perenne, permanecen iguales. De hecho, en los romeros podemos ver las últimas flores procedentes de su segunda floración a finales del verano o principios del otoño. Mientras tanto, la vegetación palustre ha comenzado a secarse perdiendo poco a poco su verdor.

En lo relativo a la fauna, las aves invernantes ya han comenzado a venir. Las gaviotas y los cormoranes ya empezaron a dejarse ver desde octubre. Las primeras abarrotan la laguna desde media mañana; y los segundos secan sus alas en las ramas de algún árbol. Entre tanto, las anátidas, los patos cucharas y los ánades frisos, ya pueden verse nadando en el agua buscando comida. Además, surcando el cielo y avisando con su sonoro trompeteo gru gru gru, podremos ver  a las grullas en migración en grandes bandos que pueden llegar a los cientos de individuos.

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Las aves residentes, aunque permanecen durante todo el año, también sufren cambios ya sea en su comportamiento y/o coloración. Es el caso del somormujo lavanco que ya perdió su coloración nupcial, y el de los pollos de diferentes especies que nacieron en primavera, que en algunos casos, ya no se distinguen de los adultos de su especie. Por su parte, las fochas, cambian su comportamiento pasando de defender sus territorios de cría a formar grandes grupos en las zonas menos profundas de la laguna y cercanas a la vegetación. Entre las rapaces que permanecen en territorios del sureste y fáciles de ver durante este mes se encuentra el milano real que aumenta su población gracias a individuos invernantes del norte de Europa aumentando su visibilidad.

En cuanto a otros grupos animales, con la llegada del frío disminuyen mucho su actividad y número, sobre todo insectos y reptiles que pasan estos meses mas desfavorables enterrados o escondidos. Sin embargo, aún nos hemos podido ver volar alguna libélula o cruzarnos con algún escarabajo de manera esporádica. Entre los mamíferos, de lo que seguro que podremos disfrutar es de la búsqueda de huellas en los alrededores de los charcos, entre otras, de los jabalís.

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Huellas de jabalí en una zona embarrada de nuestro recinto.

¿Te hace falta alguna razón mas para venir a visitarnos durante este mes?

Enero en El Campillo

A pesar de los frentes polares y siberianos de este pasado mes de enero que han hecho descender los termómetros por debajo de los cero grados, la vida en el Campillo no se ha detenido. Abrigados y sin mucho buscar hemos podido disfrutar de las aves invernantes y apreciar la preparación para la primavera de los árboles del bosque de ribera.

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Aunque a simple vista los chopos, olmos y fresnos parecen dormidos, como si estuvieran deseando que pasase el invierno, si nos fijamos con detenimiento, sucede algo distinto. El invierno es el momento de prepararse para la llegada de la primavera y para el comienzo de la floración que, como ya contamos, en las especies arbóreas del bosque de ribera sucede en Febrero. Por eso, durante este mes, es cuando las yemas que darán lugar a las flores de estos árboles se desarrollan extraordinariamente, pudiendo incluso diferenciarse unas especies de otras si nos fijamos en ellas.

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En cuanto a la avifauna se refiere, enero es uno de los mejores meses para observar aves en la laguna. Quizás no por el número de diferentes especies, pero si por el número de individuos de las que se encuentran presentes. Es asombroso cuántas aves vienen a pasar el invierno el Parque Regional del Sureste, y al estar los árboles sin hojas, es más fácil ver a los pájaros de pequeño tamaño.

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En  nuestras sendas guiadas por el camino de la laguna de El Campillo, tanto con colegios como con público general, hemos podido observar especies invernantes (cormoranes, gaviotas, zorzales, patos cuchara y petirrojos) y residentes (zampullines, avetorillos, somormujos, lavanderas, garzas reales, calamones, fochas, gallinetas, carboneros, mitos, mosquiteros,…). Sin lugar a dudas, los momentos más espectaculares han sido ver a los cormoranes al estilo “batman”, con las alas abiertas para secar sus plumas; y cientos o miles de gaviotas sobrevolando la laguna o descansando en ella.

Abril en El Campillo

Como vino avisando en los meses anteriores (febrero y marzo), la primavera terminó llegando y coloreando el camino de la laguna y el bosque de ribera. El verde de las sámaras de los olmos y los amentos de los chopos se transformó en el verde de las hojas, y el blanco de las flores de los almendros se transformó en el blanco de la “pelusa” de los chopos y de las flores de los majuelos.

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Majuelo en flor en el camino de acceso al centro.

Las  hojas del álamo blanco, álamo negro, los fresnos, los almendros, las sauces y los olmos terminaron por desarrollarse quedando todas sus ramas cubiertas por ellas.

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Fresno con hojas en el camino de acceso al centro.

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Álamo negro hembra de gran porte en el camino de la laguna.

Los amentos femeninos de los álamos blancos desarrollaron las semillas y cubrieron el camino con ese algodón característico que para muchos niños es como “si hubiese nevado”. Ese algodón, que no es el polen como mucha gente cree, son las semillas. De hecho, si os fijáis bien en ese algodón podréis ver puntos más oscuros. Esos puntos son las semillas. El algodón es un “paracaídas” que tiene la semilla para dispersarse con el viento.

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Amentos de álamo blanco con sus semillas a punto de caer.

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Lado del camino de la laguna de El Campillo cubierto por la “pelusa” de los álamos blancos.

Como en los chopos, los frutos del resto de especies arbóreas siguieron desarrollándose. La mayoría de los almendrucos ya han alcanzado un tamaño considerable y las sámaras de los olmos maduraron a principio de mes, cambiando de color, y cubriendo sus alrededores cuando caían.

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Almendrucos.

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Rama de olmo donde se aprecian las sámaras ya maduras y las hojas desarrolladas.

También llegó el turno de las flores de las jaras. El romero macho, con hoja muy parecida a la del romero, se diferenció de este con sus flores blancas. Y la estepa blanca nos volvió a sorprende con sus flores rosas.

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Jardinera de romero macho frente a la laguna de El Campillo, en uno de los lados del camino.

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Flor de con uno de sus polinizadores.

Y abril trajo consigo también una de las mayores sorpresas del Parque Regional del Sureste, la floración de las orquídeas de las que podemos encontrar, entre otras, Ophrys sphegoedes.

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Ophrys sphegoedes en el lado del camino de la laguna que está pegado al río Jarama.

La primavera te espera en el Parque Regional del Sureste. ¡Ven a descubrirla!

Marzo en el Campillo

Como ya contamos en una entrada anterior en este blog, el invierno no es sólo una estación fría y con pocas horas de luz. El invierno es una época en la que parte de la naturaleza se prepara para la primavera. Y eso es lo que ha seguido pasando durante este mes de marzo en el Parque Regional del Sureste. Por eso los principales árboles presentes en el bosque de ribera “campillero” han seguido con su incontrolable actividad cambiando de aspecto cada día que pasaba. Las flores del olmo se han dado prisa y ya hemos podido observar las primeras sámaras, es decir, sus frutos. De hecho, a finales del mes, gran parte del verde que se observa en el bosque de ribera es por las sámaras.

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Ramas de un olmo repletas de sámaras.

Los almendros, uno de los árboles mas “madrugadores”, continuaron su camino y durante este mes ya florecieron todos, las flores comenzaron a caerse y las hojas terminaron de   desarrollarse.

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Los almendros, con sus flores y sus hojas totalmente desarrollados.

En los álamos blancos, los amentos masculinos terminaron de desarrollarse, cayéndose muchos a lo largo del mes con algunos de los vientos.

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Ramas de un álamo blanco repletas de amentos.

De hecho, en palabras de los niños de los colegios que nos visitaron este mes: “el camino estaba lleno de orugas”. Y no les faltaba razón, ya que los amentos caídos en el suelo, con su forma alargada y ese color rojizo parecían un ejercito de orugas buscando un lugar donde esconderse.

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Amentos caídos en el suelo “aparentando ser” orugas.

Por su parte los amentos femeninos de esta especie comenzaron a verse por el camino de nuestra laguna durante este mes.

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Amentos femeninos del álamo blanco.

Además, las yemas foliares, comenzaron a formar las hojas.

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Distintos estadios de desarrollo de las hojas de un álamo blanco a partir de las yemas foliares.

Los álamos negros, con sus yemas ya desarrolladas en febrero, poco a poco fueron desarrollando sus amentos y también sus hojas.

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Amentos de un álamo negro.

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Detalle de las hojas de álamo negro, con sus característica forma de pica.

Los fresnos no iban a ser menos y a finales de mes algunos de ellos ya mostraban casi todas sus ramas llenas de sus imparipinnadas hojas compuestas.

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Pie de fresno con sus ramas llenas de hojas.

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Detalle de las hojas compuestas de los fresnos.

Y sin darnos cuenta, la primavera llegó, con muchas flores ya desarrolladas, pero con muchas sorpresas más por descubrir que os iremos contando en este nuestro blog.

Febrero en El Campillo

Desde pequeños nos enseñan que la primavera es la estación de las flores, la época de cría de los animales e incluso, para muchos, la estación más bonita del año. Pero la primavera no sería primavera sin invierno. Y este año 2015 la primavera no llega hasta el 20 de marzo. Entonces… ¿por qué pueden verse flores desde febrero en el Parque Regional del Sureste?

Si bien todas las cosas que sabemos de la primavera son ciertas, no dejan de ser una generalidad y, como en todo, hay particularidades. Los que hayáis tenido la suerte de pasear por el Parque Regional del Sureste este último mes habréis podido comprobar como la naturaleza se prepara durante el final del invierno para estar lista para la primavera.

Las especies arbóreas más representativas del bosque de ribera en el tramo del río Jarama que abraza la laguna de El Campillo (el álamo blanco, el álamo negro, el fresno y el olmo) comenzaron a salir de su “letargo” invernal en febrero. Fue en este mes cuando empezaron a asomar las yemas reproductoras en sus ramas desnudas (al ser especies de hoja caduca) y, a continuación, las flores. Lo más curioso y llamativo de todo este proceso es que aparecen antes las flores que a las hojas.

Las flores del olmo son muy pequeñas (miden solo unos 0,5 cm), presentan un pedúnculo corto y se encuentran agrupadas en ramilletes purpúreos.

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Ramilletes de flores presentes en los olmos.

Por su parte, las flores del fresno son un poco más tardías y, aunque empiezan a desarrollarse mucho en este mes, tardarán un poco más de tiempo en estar en su plenitud.

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Detalle de las flores del fresno.

En cuanto a las especies de álamos, es el álamo blanco el que más prisa parece tener, ya que a finales de febrero presenta en muchos de sus individuos los amentos (racimos colgantes) completamente desarrollados repletos de “micro” flores casi imperceptibles a simple vista.

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Evolución de las yemas de los álamos blancos, desde que aparecen hasta que florecen.

Por su parte, el álamo negro, aunque sigue un curso casi idéntico a su primo el blanco, es un poco más tardío y en febrero no se pueden observar nada más que sus yemas (salvo alguna excepción).

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Ramas de álamos negros repletas de yemas.

En ambos casos son más llamativos los amentos masculinos al presentar sus flores un color rojizo.

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Álamo blanco repleto de amentos.

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Detalle de los amentos del álamo blanco.

Junto a estos árboles ribereños, crecen en la vereda del camino algunos almendros cuyas flores son más grandes y llamativas que las de los otros árboles presentes. Si bien la mayoría solo presentaba un par de flores a finales de febrero, alguno ya tenía más de la mitad de sus ramas floridas.

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Evolución de las yemas de los almendros desde su aparición hasta la formación de la flor.

Y es así como empieza la primavera, a finales del invierno. Así que cuando salgas al campo, abre bien los ojos y no pierdas detalle de lo que pasa en cada mes en la naturaleza.