Procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa Schiff)

Seguramente hayas oído hablar de la tan “temida” procesionaria, de su “peligrosa” presencia en parques infantiles o de los “daños” provocados a mascotas y personas que han creado una fama demasiado alarmante. Lo hayas oído o no, seguramente nunca te has parado a pensar qué animal es.

La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa Schiff) es un insecto del orden Lepidóptera (comúnmente conocidos como mariposas) que podemos encontrar en zonas donde abundan los pinares, como por ejemplo en la Dehesa El Carrascal del Parque Regional del Sureste en Arganda del Rey.

Procesión

Procesión que realizan cuando se van a enterrar. Consejería de Fomento y Medio Ambiente. Centro de Sanidad Forestal de Calabazanos.

Este insecto realiza una metamorfosis completa, es decir, experimenta cuatro fases diferentes: puesta, oruga, crisálida y adulto. Vamos a empezar a describir la primera fase del proceso; la puesta la realiza la hembra envolviendo dos acículas de la misma vaina con unas escamas doradas que tiene en su abdomen. Los huevos son blanquecinos, esféricos y duros. Las orugas que salen de estos huevos experimentan 5 estadios larvarios y es en el tercero en el que desarrolla sus pelos urticantes, característica principal de esta especie. Estos pelos son desprendidos por las larvas cuando se sienten amenazadas pudiendo provocar irritaciones o urticaria. 

Presentan una coloración parda con pelos blanquecinos. Cuando la oruga se entierra a unos 15 centímetros de profundidad, crea un capullo de forma ovoide muy urticante. El insecto adulto es una mariposa, en el que la hembra es algo mayor que el macho. Sus alas son de color grisáceo y su tórax es piloso.

Macho y puesta de procesionaria

Adulto macho y típica puesta sobre las acículas. Fuente: Consejería de Fomento y Medio Ambiente. Centro de Sanidad Forestal de Calabazanos.

La procesionaria generalmente realiza un ciclo anual, aunque puede alargarse debido a la diapausa (estado fisiológico de inactividad, gracias al cual se adapta a las temperaturas más frías). Su desarrollo está claramente condicionado a las temperaturas de la zona en la que se encuentre. Los adultos empiezan a aparecer a partir del mes de julio y pueden estar en vuelo aproximadamente dos meses. La puesta puede tardar en eclosionar de 30 a 40 días.

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Defoliaciones provocadas por la procesionaria. Fuente: Consejería de Fomento y Medio Ambiente. Centro de Sanidad Forestal de Calabazanos.

Tal y como hemos empezado hablando, este insecto es famoso por los daños que causa al ser humano y a sus mascotas, pero en pocas ocasiones somos conscientes de que también puede suponer un problema en los árboles. Su presencia puede provocar defoliaciones (caída prematura de las hojas de los árboles), lo que en ocasiones conlleva a una disminución del crecimiento del árbol, por lo que afecta más a pinos jóvenes.

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Trampa de feromonas en la Dehesa El Carrascal.

Al caminar por zonas de pinares habrás visto colgado de los pinos una especie de “jaula” con una bolsa de plástico colgada y te habrás preguntado qué es y para qué sirve; pues bien, es una trampa con feromonas que se coloca para controlar los niveles de infestación, captura a los machos de la mariposa, evitando así que se reproduzcan y que se extienda. Además, con ella podemos conocer el número de adultos presentes en esa zona durante ese año y la cantidad de puestas que se van a realizar.

Ahora que ya conocemos su ciclo vital y las zonas zonas donde es más común (zonas de pinares), podemos adaptar nuestros hábitos para así reducir los riesgos, hacia las personas o hacia nuestras mascotas.

 

Bibliografía:

  • Documento divulgativo: https://www.benavente.es
  • Plagas y enfermedades de las masas forestales extremeñas. La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa Den. Schiff) Junta de Extremadura. Consejería de Industria, Energía y Medio Ambiente. Manual para la evaluación de los niveles de infestación en rodales de seguimiento.
  • Thaumetopoea pityocampa. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía.

Avutarda (Otis tarda)

Tal y como ya os contamos en una de las entradas en nuestro blog, en el Parque Regional del Sureste podemos, con un poquito de suerte, observar al ave voladora más pesada: la avutarda (Otis tarda). Un ave inconfundible, tanto por su gran tamaño (el macho, más grande que la hembra, puede llegar a pesar 20 kg), como por su plumaje con tonos pardos, rojizos y dorados que tanto el macho como la hembra poseen (siendo el plumaje de las hembras algo más apagado).

Avutarda común (Otis tarda). Fuente: seo.org

Su hábitat está ligado a las extensas llanuras cerealistas y grandes campos de labor, zonas desarboladas, llanas y dedicadas al cultivo de cereales de secano. Por eso en el Parque Regional del Sureste la podemos observar, por ejemplo, en las estepas cerealistas de Pinto.

Su alimentación depende de la estación del año en la que se encuentren. En primavera y verano consumen grandes cantidades de insectos (saltamontes, grillos…) acompañando la dieta de brotes y semillas. En otoño e invierno se alimentan generalmente de leguminosas y de manera puntual pueden comer algún pequeño vertebrado, tales como lagartijas o roedores.

La búsqueda de la pareja idónea para llevar a cabo la reproducción es un aspecto fundamental, es por ello que las aves llevan a cabo diferentes estrategias de reproducción.

En el caso de las avutardas, el sistema de reproducción se denomina “lek agregado”, esto significa que los machos eligen un territorio idóneo para agruparse y estar disponibles y visibles para que las hembras seleccionen al macho idóneo y copular con él. Para ser seleccionados, los machos desarrollan unas plumas duras y tiesas que salen de su mandíbula inferior llamados “barbones” y emiten algunas vocalizaciones.

https://youtu.be/gxBMxVsyo8s

Una vez realizada la cópula, es la hembra la que se encarga de incubar y criar a los pollos, mientras los machos se despreocupan del cuidado de las crías. Para ello, preparan un sencillo y poco desarrollado nido en el que ponen hasta 3 huevos que estarán incubados durante 3 ó 4 semanas hasta que eclosionan naciendo unos pollos que son capaces de desplazarse junto a su madre en busca de alimento nada más nacer.

  • Panel de divulgación del C.E.A. El Campillo.
  • Panel de divulgación del C.E.A. El Campillo.

Además de estar incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, está catalogada como “Vulnerable” tanto en el Libro Rojo de las aves de España, como por la UICN. Esto es debido a su bajo éxito reproductor y a los efectos negativos derivados de las constantes molestias humanas: la colisión contra tendidos eléctricos, la caza furtiva de machos en primavera, los accidentes contra alambradas y la depredación a cargo de perros asilvestrados.

Sin embargo, su principal problema en la actualidad es la pérdida de hábitat como consecuencia de la intensificación agrícola, la simplificación del paisaje y la proliferación de infraestructuras y urbanizaciones, lo que provoca la desaparición de los lugares de reproducción, una disminución en la disponibilidad de alimento y una menor productividad.

Fuentes consultadas:

https://www.mncn.csic.es/es/comunicacion/blog/leks-de-avutarda-el-dificil-equilibrio-entre-atraer-hembras-y-protegerse-frente

Grandes migraciones en peces

Como todos sabemos los peces viven en el agua, pero este agua puede ser agua dulce o agua salada. Hay peces que viven siempre en agua dulce (potamódromos), otros que viven siempre en agua salada (oceanódromos),  pero hay un tercer grupo de peces que viven en los dos tipos de aguas (diádromos).

Dentro de estos últimos tenemos al salmón keta (Oncorhynchus keta) que, tras pasar sus primeros años en el mar, remonta el río Yukón viajando hasta 3.200 km desde su estuario en Alaska y Canadá para desovar en el río en el que nacieron. A las especies que tienen este comportamiento se las conoce como anádromas. Esta migración anual tiene lugar en otoño, produciéndose la freza entre noviembre y enero, muriendo los individuos después. De los huevos fecundados, que se desarrollan en el lecho del río protegidos durante el invierno y que eclosionan en primavera, nacen los juveniles que viven en el río hasta el año siguiente, antes de viajar para vivir en el mar. 

Oso pardo americano con salmón en la boca. Fuente: Pixabay.

Al contrario que el salmón keta, la anguila europea (Anguilla anguilla) pasa gran parte de su vida en aguas dulces pero regresa al mar para reproducirse. A las especies que tienen este comportamiento se las conoce como catádromas. Este viaje lleva a la anguila europea a recorrer 8.000 km desde los ríos europeos donde vive, hasta el mar de los Sargazos (cerca de las islas Bahamas) donde se reproduce entre diciembre y febrero. Tras eclosionar los huevos, las larvas, las preciadas angulas, de 1 cm de tamaño, van creciendo mientras aprovechan las corrientes oceánicas para llegar a los ríos donde vivirán. Entre ida y vuelta hace un viaje de 16.000 km.

Rutas realizadas por la anguila americana (naranja) y anguila europea (en azul) desde y hacia el Mar de los Sargazos a los ríos donde viven. Fuente: El Periódico.

Y por último, entre las especies que viven entre agua dulce y salada, estaría la tilapia, cuya migración entre agua dulce a salada, o viceversa, se realiza sin ánimo de frezar sino por razones de alimentación o para hibernar. A las especies que tienen este comportamiento se las conoce como anfídromas

Corrientes oceánicas presentes en el Planeta que no solo regulan el clima, sino que usan muchos animales durante sus migraciones. Fuente: Michael Pidwirny (http://www.physicalgeography.net)

En el fondo de los océanos existen grandes corrientes producidas por cambios de temperatura y salinidad que muchas especies de peces aprovechan en sus movimientos migratorios.

La tintorera o tiburón azul (Prionace glauca) es una de ellas y aprovecha varias de esas corrientes para realizar una migración en el sentido de las agujas del reloj en el Atlántico Norte. A través de la corriente denominada Giro del Atlántico Norte, asciende a las costas de Norteamérica y llega hasta las costas europeas de dicho océano. A continuación, la Corriente de las Canarias la transporta hasta aguas del norte de África y de ahí la Corriente Ecuatorial Norte las lleva de vuelta a la costa norte de Sudamérica y el Caribe. La mayor distancia recorrida registrada por un individuo de esta especie es de 6.840 km desde Irlanda hasta Venezuela. La mayoría de los individuos trasatlánticos son hembras que se aparean en el oeste del atlántico norte y paren en aguas atlánticas frente a la Península Ibérica e incluso en el Mediterráneo.

Ejemplar de Prionace glauca. Fuente: Mark Conlin. http://swfsc.noaa.gov/ImageGallery/Default.aspx?moid=529

Estos son solo unos ejemplos de las grandes migraciones que existen en peces. Si quieres saber más, busca las migraciones que realizan especies como el tiburón toro (que migra de agua dulce a agua salada), el atún rojo (que cambia las aguas del Atlántico Norte por las del Mediterráneo atravesando el Estrecho de Gibraltar) o la lamprea (que al igual que el salmón, va a desovar a los ríos).

Fuentes:

www.muyinteresante.es

Libro “Vida animal”. Editorial Pearson Alhambra. 2009.

www.elperiódico.com

Rata de agua (Arvicola sapidus)

Uno de los mamíferos más desconocidos y esquivos de la Península Ibérica, y por ende del Parque Regional del Sureste, seguramente sea la rata de agua. Una mal llamada “rata” ya que, aún siendo roedor como ratas y ratones, en realidad está más emparentada con los topillos.

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Rata de agua nadando entre el carrizo y la enea de nuestra laguna.

Presente en Francia, España y Portugal, este rechoncho animal diurno de cabeza redonda, orejas poco desarrolladas y color marrón o gris, tiene un cuerpo de entre 16 y 23 cm y una cola de hasta 15 cm. De hábitos anfibios, vive entre la vegetación de las riberas de los ríos, arroyos  y humedales en zonas con agua en buen estado y llega a pesar entre 150 y 300 gramos.

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Siempre esquiva y difícil de ver entre la vegetación palustre.

Su alimentación es principalmente herbívora a base de raíces, brotes tiernos y hojas de plantas acuáticas, aunque puede llegar a comer pequeños animales como crustáceos, larvas o insectos en alguna ocasión. Construye galerías bajo tierra, a poca profundidad, a las que accede por entradas tanto en superficie como bajo el agua y en donde construye un pequeño nido con hierba seca para criar a su descendencia (normalmente 2 camadas al año de 3 ó 4 ejemplares).

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Ejemplar fotografiado con nuestra cámara trampa en los alrededores de nuestro centro.

Sus principales amenazas son la destrucción y la contaminación de su hábitat. Es presa de depredadores tales como la lechuza, la nutria o el visón y en su día, el hombre también la cazaba y comía formando parte de platos tan tradicionales como por ejemplo la paella (en la Albufera se la conoce como rata de marjal y vive en los arrozales) . Es muy difícil de observar pero, si vienes cargado de paciencia y con algo de fortuna, puedes descubrirla desde el observatorio situado dentro de nuestro recinto. Ven a buscarla y… ¡mucha suerte!

Bibliografía

“Guía de la naturaleza en el Parque Regional del Sureste” Editorial Naumanni. 2005.

http://www.sierradebaza.org

http://www.faunaiberica.org

http://www.sierradebaza.org/Fichas_fauna/05_09_rata-agua/rata-agua.htm

Gallineta común (Gallinula chloropus)

Hoy hablamos de un ave un poco más tímida que la focha y que podemos encontrar fácilmente durante todo el año por las orillas de las lagunas del Parque Regional del Sureste, aunque se ve más en invierno, cuando se alimenta en zonas abiertas, picoteando en las orillas como una gallina.

La gallineta común (Gallinula chloropus), también conocida como polla de agua, es uno de los rálidos más abundantes y extendidos de Europa. Al igual que sucede en la Península Ibérica, en la Comunidad de Madrid tiene una distribución muy amplia, siempre que haya agua la podemos encontrar en lagunas, graveras, embalses, ríos e incluso en estanques.

Gallineta común (Gallinula chloropus)

Es un ave mayoritariamente sedentaria. En invierno ocupa hábitats similares a los ocupados durante la época de cría, existen además ejemplares procedentes del centro y norte de Europa que utilizan nuestros humedales como zona de paso e invernada. No son grandes voladoras, aún así tienen mucha capacidad de colonización y una facilidad especial para adaptarse a los ambientes transformados por el ser humano.

Tienen preferencia por las graveras, donde utilizan lugares poco profundos o encharcados con zonas de abundante vegetación palustre como el carrizo y la enea o espadaña que constituyen un medio muy cerrado perfecto para utilizarlo como refugio. En los ríos es frecuente encontrarla entre la vegetación de sus orillas y en las islas formadas en su cauce.

Gallineta nadando en la laguna de El Campillo.

En su alimentación omnívora, prefiere el alimento vegetal, por ejemplo la inflorescencia del carrizo es una parte importante en su dieta invernal, a veces incluyen algún pequeño vertebrado, carroña e incluso, puede ingerir ciertas cantidades de basura.

Tonos parduzcos de las alas y plumas blancas en la cola y costados.

Como comentamos al principio, su aspecto nos recuerda al de una gallina. Pero en este caso, el adulto es negro grisáceo de alas parduzcas con el pico rojo de punta amarilla y placa frontal roja en la cabeza. Tiene algunas plumas blancas cerca de la cola y en los costados. Mantiene la cola alta y la sacude al andar y al nadar. Las patas son verdosas y en ocasiones se aprecia una franja roja. Tiene los dedos de las patas muy largos para caminar sobre el barro húmedo o la vegetación flotante. A pesar de que éstos no tienen lóbulos entre ellos, son buenas nadadoras.

En las gallinetas jóvenes, al contrario que los adultos, dominan los tonos marrones con tintes verdosos; además, carecen de escudete frontal. Los pollos tienen espolones en las alas para ayudarse a subir al nido o agarrase a la vegetación.

Familia de gallinetas en el nido construido entre la vegetación palustre.

Aunque en principio no sufren grandes amenazas, pueden tener problemas como consecuencia de la pérdida de humedales o la depredación por parte de especies introducidas.

Fuentes:

  • Guía de fauna del Parque Regional del Sureste. Red de Centros de Educación Ambiental de la Comunidad de Madrid.
  • Atlas de las Aves Invernantes de Madrid 1999 -2001. SEO-Monticola y Comunidad de Madrid.
  • Guía de las aves de España SEO/BirdLife: https://www.seo.org/ave/gallineta-comun/

Adaptaciones al frío en animales vertebrados II

Como ya contamos en una antigua entrada del blog, los animales están diseñados y presentan adaptaciones para combatir el frío. Sin embargo, hay casos en los que sus cuerpos no están adaptados para aclimatarse al frío, pero sí lo están para huir de él.

Uno de los mecanismos de huida es la migración. Gracias a estos desplazamientos de miles de kilómetros los animales viajan a lugares con condiciones climáticas más benévolas donde tendrán más posibilidades de sobrevivir (a pesar del gran esfuerzo físico que estos conllevan).

Grupo de grullas en migración sobrevolando los cielos de la laguna de El Campillo.

Otra manera de huir del frío pero sin salir de la zona vital del individuo es esconderse de él. La forma más conocida es la hibernación, un proceso voluntario mediante el cual un animal homeotermo reduce temperatura corporal, ritmo metabólico, tasa respiratoria y metabolismo hasta mínimos vitales.

Otros mecanismos similares a la hibernación son el letargo invernal (también en animales homeotermos) y la brumación (en animales poiquilotermos) de los que ya hablaremos en el futuro.

Los anfibios y reptiles bruman durante la época de bajas temperaturas.

La llegada de las bajas temperaturas en algún caso trae consigo otro tipo de cambio en los animales. Uno de los más conocidos es el engorde. Se trata de comer todo lo posible aprovechando alimentos de temporada y con gran contenido en grasas (por ejemplo frutos secos en los bosques como hacen los osos, o bancos de peces en los océanos como hacen algunos cetáceos) y así crear una buena capa de grasa alrededor del cuerpo con una doble función. Por un lado, esa capa de grasa sirve de protección frente al frío y, por el otro, sirve de reserva energética para los meses más desfavorables.

Junto al incremento de esta capa de grasa, se puede producir también un cambio en el pelaje o plumaje de los animales haciéndose estos mucho más densos y abundantes que en épocas cálidas. Este cambio de pelaje provoca la pérdida y caída del pelo o plumas de verano y, en algún caso, va asociado también a un cambio de color pasando de tonos marrones a tonos blancos para camuflarse mejor en un entorno nevado. Esto le ocurre a especies como el zorro ártico, el armiño o el lagópodo alpino entre otros.

Cambios en el plumaje del lagópodo alpino a través de las estaciones. Fuente: SEO.

Pero sin lugar a dudas, uno de los casos más extremos que podemos encontrar para la lucha contra el frío sería, podríamos decir, dejarse vencer por él.

Es el caso de la rana de la madera de Alaska que se congela al llegar el otoño y pasa el invierno congelada deteniendo su respiración y su circulación sanguínea, para evitar la muerte de sus células debido a la congelación. Las ranas sintetizan grandes cantidades de glucosa (un tipo de azúcar) reduciendo el daño celular.

Fuentes:

Martín pescador común (Alcedo atthis)

Nuestro protagonista de hoy se caracteriza porque, a pesar de su pequeño tamaño, es uno de los más vistosos y llamativos de entre toda la avifauna que podemos contemplar en el Parque Regional del Sureste.

El martín pescador (Alcedo atthis) mide tan solo 17 centímetros, en proporción con su cuerpo compacto tiene la cabeza grande, el pico es negro y largo y las alas anchas, mientras que las patas y la cola son cortas. Su plumaje es rojo anaranjado por debajo (región ventral) y de un azul brillante y metalizado por la parte dorsal, a veces torna a tonos verdosos. También tiene una mancha blanca en la garganta y en los laterales del cuello.

La diferencia entre machos y hembras es muy sutil, tenemos que fijarnos en la tonalidad de la parte inferior del pico, que es negra en el macho y anaranjada en la hembra. Igual pasa con los jóvenes, solo se diferencian de un adulto porque su coloración es más turquesa y porque, mientras que los adultos tienen las patas de un rojizo intenso, las de estos son más oscuras.

Martín pescador observado a través del telescopio.

Su distribución es muy amplia por toda Europa, norte de África y Asia central y meridional. A nivel peninsular está bastante repartido y en la Comunidad de Madrid se encuentra de forma irregular, con preferencia por altitudes medias. Normalmente ocupa tramos de ríos y lagunas con aguas claras y no demasiado rápidas, en orillas provistas de taludes y una vegetación palustre más o menos densa. Aunque podemos encontrarlos durante todo el año, se muestran más activos en primavera. Son bastante esquivos pero fáciles de reconocer como un destello azul turquesa que se precipita en el río o la laguna, mientras emite un agudo y penetrante “chii”.

Martín pescador visto desde el mirador de la exposición del CEA El Campillo.

Su nombre nos da una pista sobre el componente fundamental de su dieta, los peces, aunque también se alimenta de renacuajos, pequeños crustáceos e insectos acuáticos. Para pescar se posa sobre ramas en zonas donde el agua está mansa, y gracias a su precisa visión localiza a su presa y con ayuda de la fuerza muscular de sus alas se lanza al agua de cabeza y a gran velocidad. Su pico en forma de cuña le permite penetrar en el agua sin salpicaduras. Luego vuelve a su posadero e ingiere a la presa, primero la cabeza, con las espinas y las escamas a favor para evitar hacerse daño.

Martín pescador pescando a cámara lenta.

Excava su nido principalmente en taludes de ríos, primero hacen una galería de acceso para llegar a una cámara interior donde ponen entre 4 y 8 huevos, que tras aproximadamente tres semanas eclosionan. A veces ponen dos nidadas en un temporada y, raramente, hasta tres.

Martín pescador posado entre la vegetación de la laguna de El Campillo.

El martín pescador está catalogado como especie “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y aparece en el Libro Rojo de las aves de España como “Casi amenazado”. Se ve afectado negativamente por la pérdida de su hábitat ocasionada por las actividades humanas y la contaminación.

Os dejamos un programa de El hombre y la Tierra dedicado a esta espectacular ave:

https://www.rtve.es/alacarta/videos/el-hombre-y-la-tierra/hombre-tierra-fauna-iberica-martin-pescador/3298478/

Fuentes:

Gaviotas en el Campillo

Son muchos los visitantes que se sorprenden cuando caminando por la senda, divisan una gran mancha de puntos blancos y grises en el centro de la laguna. Y son muchos también los que se acercan preguntando qué son y la respuesta es desconcertante… son ni más ni menos que gaviotas. 

Juveniles de gaviotas en Galicia.

Históricamente las gaviotas son aves principalmente marinas, pero en los últimos años han ido colonizando nuevos territorios hasta llegar a Madrid. En El Campillo hemos identificado varias especies de gaviota, las más abundantes son reidora y sombría y en menor medida patiamarilla y tridáctila.

La primeras en cambiar la costa por el interior fueron las gaviotas reidoras. Son aves de pequeño tamaño, comparadas con el resto de las de su especie,  de color gris en la parte dorsal y blanca en la parte ventral, con una mancha de color marrón oscuro en la cabeza durante la época reproductora, la cual queda reducida a una pequeña mancha auricular el resto del año.

Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus). Fuente SEO/BirdLife

Más tarde aparecieron gaviotas sombrías, las cuales gracias a su versatilidad y capacidad de adaptación, han conseguido conquistar buena parte del territorio que antes dominaban las gaviotas reidoras. Son de tamaño considerablemente más grande que las demás y son de color blanco con el dorso en gris oscuro. Destacan sus patas, pico e iris que son de color amarillo brillante y además presentan un anillo ocular rojo muy característico.

Gaviota sombría (Larus fuscus). Fuente SEO/BirdLife

Ambas especies son coloniales y es frecuente verlas formando grandes grupos cerca de lugares donde abunde el alimento, tales como humedales y vertederos. En el caso de las sombrías suelen invadir colonias de otras especies de gaviotas y robarles los huevos y los pollos.

¿Pero por qué aparecieron estas aves en Madrid? Normalmente las poblaciones migran desde sus zonas de cría en Europa hasta nuestro país, y cada vez son más las que eligen las zonas interiores donde obtienen comida regularmente. En las últimas dos décadas, en Madrid, se han llegado a superar los cien mil individuos en los meses de invierno.

Una bandada de gaviotas en un tramo del río Manzanares a su paso por Madrid. (Foto: Kike Rincón)

El principal motivo de su llegada a la capital es la gran capacidad que tienen para adaptarse y aprovechar las ventajas que les ofrecen los vertederos de residuos que se sitúan cerca de las grandes ciudades. Otra de las razones parece estar en la renaturalización del río Manzanares, estas aves se posan en el río a descansar y usan su cauce como vía que conecta sus zonas de alimentación diarias en el sur y sureste de Madrid, como es el caso del Parque Regional del Sureste, y los principales dormideros del norte, como son los embalses de Guadalix y Santillana.

Como ocurría en el caso de las cigüeñas blancas, la mayoría de las que vemos en la capital son poblaciones invernantes que no crían aquí, pero también hay una parte de la población joven que decide quedarse y pasar el resto del año en los humedales y ríos de la capital.

Fuentes:

Aves de España. Eduardo de Juana y Juan M. Varela.

Seo/BirdLife

https://www.larazon.es/madrid/20200203/7qs5rlwiwfg5bki26ovpqt5z54.html

https://www.madridiario.es/440884/fauna-aves-renaturalizacion-manzanares

Adaptaciones al frío en animales vertebrados I

Con la llegada de las bajas temperaturas, muchos de nuestros hábitos cambian: ponemos la calefacción, salimos a la calle con abrigo, usamos guantes, cenamos sopas y bebemos líquidos calientes. Y lo hacemos por una razón: para mantener la temperatura de nuestro cuerpo en un rango de temperatura compatible con la vida. Al igual que lo hacemos para combatir al calor, los animales también tenemos adaptaciones y mecanismos para combatir el frío.

Durante el invierno aumentamos la ingesta de líquidos calientes. Fuente: Pixabay.

Las primeras adaptaciones que tienen los animales para combatir el frío son corporales, ya que están diseñados para vivir en los lugares que habitan. De manera general, como dice la Regla de Bergmann, los animales que viven en zonas frías son de tamaño más grande que los que habitan en zonas cálidas. Esto es debido a que en proporción, cuanto más grande es un animal, menos superficie corporal tiene para perder calor corporal.

También ocurre con las formas corporales, que son más redondeadas en zonas más frías ya que, en comparación con formas rectangulares, tienen menos superficie corporal. Además, al contrario que los elefantes (que tienen orejas grandes para airear su sangre y perder calor), los animales que viven en zonas frías tienen orejas y patas pequeñas, precisamente para lo contrario, para no perderlo.

El zorro ártico tiene patas y orejas más pequeñas que sus congéneres. Fuente: Pixabay.

Como dice el lema, “la unión hace la fuerza”, y esa unión también sirve para luchar contra el frío. Algunas especies, durante la época de bajas temperaturas, forman grandes grupos. De esta manera, se ofrecen calor los unos a los otros y no todos están expuestos directamente a las bajas temperaturas. Es el caso del pingüino emperador en la Antártida el cual, gracias a formar grandes grupos de individuos, consigue sobrevivir y sacar adelante el período de incubación de sus huevos luchando contra vientos de 200km/h y temperaturas de casi -50ºC.

Un sistema más específico es el que presentan muchas especies de aves y mamíferos. Se trata de adaptaciones circulatorias en las patas que permiten que el calor se transfiera de los vasos sanguíneos que contienen sangre caliente hacia los que contienen sangre más fría evitando que el calor corporal se pierda. Podríamos decir que son intercambiadores de calor a contracorriente. ¿Cómo funciona? El calor de la sangre caliente que circula por la arteria descendiente es trasferido a la sangre venosa fría que sube de las patas. De esta manera se consiguen dos cosas. Por un lado que no se pierda calor por las extremidades (sobre todo las que están en contacto con superficies frías) y que la sangre que entra en el cuerpo de vuelta de esas extremidades no llegue fría, evitando el enfriamiento de los órganos vitales.

Esquema del flujo del intercambio de calor que se produce en las patas de algunos animales. Fuente: Ekann.

Otro sistema para mantener la temperatura que solo tienen los mamíferos es el tiriteo. Seguramente alguna vez que has tenido mucho frío tu cuerpo se ha puesto a tiritar. Esto ocurre porque con el tiriteo, tu cuerpo quema grasa y, a su vez, genera calor. Un calor que es aprovechado para aumentar la temperatura de nuestro cuerpo y mantenerlo en la temperatura óptima de funcionamiento.

Otro fenómeno muy común para el mantenimiento de la temperatura corporal es la “piel de gallina“. Aunque puede ocurrir por varios motivos, cuando lo hace como respuesta al frío, la piloerección consigue aumentar la capa de aire caliente alrededor de nuestra piel creando una capa protectora alrededor de nuestro cuerpo.

La conocida como “piel de gallina” es provoca por el erizamiento del pelo.

Existen muchos mecanismos más en el mundo animal para combatir el frío de los que os hablaremos en el futuro en nuestro blog.

Avefría europea (Vanellus vanellus)

De todas las especies de aves limícolas, seguramente la especie más fácil de identificar sea el avefría (Vanellus vanellus) la cual tenemos la suerte de tener en la superficie del Parque Regional del Sureste.

Al igual que especies como el petirrojo, podemos verla en la Península Ibérica durante todo el año, pero es más fácil hacerlo en invierno ya que su población aumenta con la llegada de individuos procedentes de Europa central y occidental a partir del mes de noviembre. La presencia de estos individuos invernantes, que permanecerán hasta el mes de marzo en nuestras latitudes, nos avisa de la llegada del frío (de ahí su nombre común Avefría y su nombre científico derivado del latín vannus, que aventa).

Ejemplar de avefría con su característico patrón de coloración.

De mediano tamaño (30 cm de longitud, 70 cm de envergadura, 250 gr de peso) y pico corto, la facilidad en su identificación radica en la cresta de finas plumas negras al final de su cabeza; su vientre y cara blancos; su píleo, frente, garganta y banda pectoral de color negro, y sus alas amarronadas con iridiscencias verdosas de las partes superiores en las mismas. En vuelo se aprecian sus alas largas y redondeadas de color blanco y negro.

Grupo de avefrías descansando en un islote en medio de un terreno inundado.

Especie gregaria, su dieta se compone fundamentalmente de invertebrados terrestres (milpiés, arañas, insectos, moluscos,…) que complementa ocasionalmente con algún pequeño vertebrado (ranas o peces) y algo de materia vegetal (semillas o gramíneas).

Su época de cría comienza en mayo con la puesta de cuatro huevos depositados en una leve depresión a veces cubierta con material vegetal. Tras una incubación de casi un mes, nacen unos pollos capaces de desplazarse y alimentarse por si mismos nada más salir del huevo que en 40 días habrán completado su desarrollo.

Habita preferiblemente herbazales, llanuras encharcables y áreas pantanosas. Sin embargo, muchos de estos hábitats han sido degradados o transformados por el ser humano (desecación, canalización de aguas, intensificación agrícola, graveras,…) por lo que han tenido que adaptarse a ambientes antropizados como pastizales o dehesas. Otras amenazas son la intensificación de la actividad ganadera en sus zonas de cría, los incendios y la depredación por parte de perros, ratas y córvidos.

Fuentes:

Sociedad Española de Ornitología

www.vertebradosibéricos.com

“Guía de la Naturaleza en el Parque Regional del Sureste”. Grupo NAUMANI. 2005.

“Guía de campo de las aves de España y Europa”. Rob Hume. Ediciones Omega. 2002.