El Olmo (Ulmus minor)

En los bosques de ribera del Parque Regional del Sureste encontramos una especie arbórea muy conocida: el olmo (Ulmus minor). Este árbol crece en la banda de vegetación del bosque de ribera más alejada del agua en suelos profundos y climas templados.

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Olmeda en el camino que recorre la laguna de “El soto de las Juntas”

El olmo tiene porte robusto y elevado, pudiendo alcanzar los 30 metros de altura. Sus hojas son caducas, simples, de borde aserrado, puntiagudas en el extremo y redondeadas, con base asimétrica, es decir, posee una de las mitades más desarrollada que la otra.

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Hojas y sámaras maduras en una rama de olmo.

Sus flores aparecen a finales del invierno (entre febrero y marzo) formando inflorescencias (flores agrupadas que nacen en un mismo tallo). Los frutos tienen forma de sámara con un ala que rodea por completo la semilla y pasan del verde claro y rojo alrededor de la semilla al pardo amarillento cuando van a caer del árbol en abril. El fruto madura diseminando sus semillas antes de que las hojas estén completamente formadas.

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Inflorescencias en las ramas de los olmos.

La madera del olmo, de color marrón clara, es fácil de trabajar, difícil de hendir y muy resistente a la putrefacción si se mantiene húmeda. Por su facilidad para ser trasplantado, ha sido ampliamente utilizado en construcción y ornamentación desde muy antiguo.

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Ramas de olmo repletas de sámaras inmaduras.

Desgraciadamente, este árbol se está viendo afectado por una enfermedad letal que ha diezmado su población: la grafiosis. Desde  principios de siglo XX (1918), cuando apareció por primera vez en Europa, la grafiosis de los olmos ha demostrado ser una de las enfermedades forestales más devastadoras que se conocen.

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La grafiosis

En los bosques de ribera del Parque Regional del Sureste encontramos una especie de árbol muy popular: el olmo (Ulmus minor). Desgraciadamente, muchas veces son conocidos por una enfermedad letal que les está afectando y que ha diezmado su población: la grafiosis. Desde que hizo su aparición en Europa, a principios de siglo XX (1918), la grafiosis de los olmos ha demostrado ser una de las enfermedades forestales más devastadoras que se conocen. En la Península Ibérica el primer gran brote se produjo a principios de los años ochenta, y provocó la muerte de un gran número de pies.

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Ejemplar de olmo afectado por la grafiosis. Foto: Ayto Aracena

A veces, sobre el tronco y la corteza del olmo se pueden observar grabados realizados por el insecto transmisor de la enfermedad. Se trata un pequeño coleóptero, conocido vulgarmente como barrenador del olmo (Scolytus scolytus, Scolytus kirchi, y Scolytus multistriatus) que se instala sobre las yemas más tiernas y las muerde dañándolas irreversiblemente. La hembra deposita las huevos entre la corteza y el tronco formando galerías. Tras pasar la etapa de pupa, los insectos adultos van volando de un árbol al otro, transportando esporas del hongo que causa la enfermedad.

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Scolytus multistriatus, escarabajo transmisor de la grafiosis. Foto: Aravaceos

 

La especie de hongo que causa la enfermedad, el verdadero agente infeccioso, es Ceratocystis ulmi. Este hongo semiparásito desarrolla su micelio en los vasos conductores de la savia del árbol invadiendo el xilema y destruyendo sus vasos, interrumpiendo así el transporte hídrico y dejando el interior de las ramas con líneas o manchas de color oscuro. El aspecto a simple vista de los olmos afectados es enfermizo y amarillento con algunas ramas secas y hojas encorvadas. Todo ello se deriva en dos efectos principales: obstrucción de los vasos conductores y el envenenamiento de las hojas. Por último, como consecuencia, el olmo infectado termina por morir.

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Galerías formadas bajo la corteza del olmo por las larvas de los escarabajos. Foto: Ayto Aracena

Para el seguimiento y la erradicación de la enfermedad se realizan programas de control basados en la realización de un estricto saneamiento del material de olmo susceptible de ser infectado. El tratamiento con insecticidas representa un método complementario tratando de prevenir la alimentación de los coleópteros sobre los olmos sanos. Después de que el uso del Dicloro difenil tricloroetano (DDT) fuese abandonado a finales de los sesenta, diferentes estudios en Europa y Norteamérica han encontrado que el metoxicloro resulta el insecticida más adecuado para proteger los olmos frente a esta alimentación. Además, el metoxicloro posee buenas características medioambientales: baja toxicidad para aves y mamíferos, no se acumula en los tejidos grasos y se degrada fácilmente en metabolismos no tóxicos. Sin embargo, resulta letal para la fauna acuícola por lo que es necesario tomar precauciones cuando se aplica en lugares próximos a hábitats acuáticos.

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Hojas de olmo afectadas por la grafiosis. Foto: Ayto Aracena 

Los olmos del Parque Regional del Sureste no han sido excepción y han sido afectados por esta enfermedad. Afortunadamente, podemos encontrar algunas zonas donde sobreviven algunos ejemplaremos como la conocida olmeda de Casa Eulogio, en las orillas del río Manzanares. Actualmente, la Universidad Politécnica de Madrid junto con otros cinco centros de investigación europeos están estudiando esta enfermedad.

Fuentes:

  • Guía de la naturaleza en el Parque Regional del Sureste
  • Parque Regional del Sureste
  • Guía de los árboles y arbustos de la Península Ibérica y Baleares