Adaptaciones al frío en animales vertebrados II

Como ya contamos en una antigua entrada del blog, los animales están diseñados y presentan adaptaciones para combatir el frío. Sin embargo, hay casos en los que sus cuerpos no están adaptados para aclimatarse al frío, pero sí lo están para huir de él.

Uno de los mecanismos de huida es la migración. Gracias a estos desplazamientos de miles de kilómetros los animales viajan a lugares con condiciones climáticas más benévolas donde tendrán más posibilidades de sobrevivir (a pesar del gran esfuerzo físico que estos conllevan).

Grupo de grullas en migración sobrevolando los cielos de la laguna de El Campillo.

Otra manera de huir del frío pero sin salir de la zona vital del individuo es esconderse de él. La forma más conocida es la hibernación, un proceso voluntario mediante el cual un animal homeotermo reduce temperatura corporal, ritmo metabólico, tasa respiratoria y metabolismo hasta mínimos vitales.

Otros mecanismos similares a la hibernación son el letargo invernal (también en animales homeotermos) y la brumación (en animales poiquilotermos) de los que ya hablaremos en el futuro.

Los anfibios y reptiles bruman durante la época de bajas temperaturas.

La llegada de las bajas temperaturas en algún caso trae consigo otro tipo de cambio en los animales. Uno de los más conocidos es el engorde. Se trata de comer todo lo posible aprovechando alimentos de temporada y con gran contenido en grasas (por ejemplo frutos secos en los bosques como hacen los osos, o bancos de peces en los océanos como hacen algunos cetáceos) y así crear una buena capa de grasa alrededor del cuerpo con una doble función. Por un lado, esa capa de grasa sirve de protección frente al frío y, por el otro, sirve de reserva energética para los meses más desfavorables.

Junto al incremento de esta capa de grasa, se puede producir también un cambio en el pelaje o plumaje de los animales haciéndose estos mucho más densos y abundantes que en épocas cálidas. Este cambio de pelaje provoca la pérdida y caída del pelo o plumas de verano y, en algún caso, va asociado también a un cambio de color pasando de tonos marrones a tonos blancos para camuflarse mejor en un entorno nevado. Esto le ocurre a especies como el zorro ártico, el armiño o el lagópodo alpino entre otros.

Cambios en el plumaje del lagópodo alpino a través de las estaciones. Fuente: SEO.

Pero sin lugar a dudas, uno de los casos más extremos que podemos encontrar para la lucha contra el frío sería, podríamos decir, dejarse vencer por él.

Es el caso de la rana de la madera de Alaska que se congela al llegar el otoño y pasa el invierno congelada deteniendo su respiración y su circulación sanguínea, para evitar la muerte de sus células debido a la congelación. Las ranas sintetizan grandes cantidades de glucosa (un tipo de azúcar) reduciendo el daño celular.

Fuentes:

Migraciones: grandes viajes para la supervivencia

Hay varios momentos a lo largo del año en los que, si nos paramos a mirar, veremos enormes bandos de aves surcando los cielos de El Campillo en una dirección determinada. Si estos bandos están realizando un viaje periódico entre distintas zonas, están realizando un viaje llamado migración. Los motivos por los que se realiza este viaje pueden ser varios: búsqueda de comida, encontrar un lugar para criar, evitar temperaturas muy bajas…

Grupo de grullas (Grus grus) sobrevolando la laguna de El Campillo durante su migración.

Puede parecer un viaje simple y sin importancia pero no lo es, sino que es un viaje vital para su supervivencia y que a la vez pone en juego su vida. ¿Por qué? Antes de comenzar este gran viaje hay que asegurarse de tener las reservas energéticas necesarias para su realización y estar bien preparados, para ello en algunos casos se producen cambios físicos (aumento de los músculos) y fisiológicos en el animal (los peces que cambian de agua dulce a salada aumentan su tolerancia a la sal).

Además, durante el viaje, el animal no solo va a encontrarse con inclemencias climáticas desfavorables, sino que también se expone a depredadores (más al final del viaje cuando las reservas energéticas escasean) y, en algunos casos, durante el viaje atraviesa grandes desiertos y océanos sin sitios donde protegerse o alimentarse.

¿Qué provoca la migración? Un cambio en la duración de los días, el incremento de hormonas reproductoras, la inquietud creciente y su ritmo innato son algunos de los factores que desencadenan la migración.

 

El cambio de color en las hojas de los bosques caducifolios marca la estación otoñal.

Pero… ¿cómo se orientan? Los animales que migran usan diferentes indicadores para navegar. Entre ellos se encuentran: el campo magnético terrestre, el sol, las estrellas, las cadenas montañosas, las líneas de costa e incluso los olores. Pero la verdadera navegación se basa en un mapa mental para determinar la posición con respecto a su destino. Y, por supuesto, en una información innata, ya que hay especies en las que los adultos migran primero y los juveniles parten después llegando al mismo lugar de manera independiente sin haber realizado antes la migración.

 

Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) durante su estancia en la laguna de El Campillo.

Aunque existen muchos tipos de migraciones podemos hacer una clasificación según diferentes criterios. Si nos basamos en la dirección del movimiento que hacen, tenemos tres tipos de migraciones diferentes. Por un lado estaría la migración latitudinal, es decir, la migración mediante la cual los animales se mueven en el eje norte-sur cambiando de latitud. Por otro, tendríamos la migración que se realiza en el eje este-oeste, la migración longitudinal (ya que el animal cambia de longitud). Esta generalmente se realiza entre interiores de los continentes y zonas costeras. Y por último, tendríamos la migración altitudinal, seguramente la menos conocida. Esta migración la realizan animales que viven en zonas montañosas y se mueven de una altitud a otra dentro de la montaña (mas arriba o mas abajo) a lo largo del año. 

Muchos petirrojos (Erithacus rubecula) viajan desde el centro y norte de Europa para invernar aquí.

Nómadas del viento

Si te gustan las aves y lo que buscas es sentir que estás volando con ellas, este es tu documental. Nómadas del viento, “Le people migrateur” en su título original, es un documental que trata sobre la migración de estos animales.

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Cartel del documental.

Estrenado en septiembre de 2002 marcó un antes y un después en el mundo del documental de naturaleza y fue nominado en la categoría Mejor Documental en los Premios Goya y en los Premios Oscar.

Dirigido por  Jacques Perrin, Michel Debats y Jacques Cluzaud y musicalizado por el famoso Bruno Coulais (que también musicalizó, entre otras, la película “Los chicos del coro”) no narra una historia lineal sino que sigue el viaje de varias especies de aves por todo el planeta, sus rutas de vuelo y su comportamiento centrándose en la belleza de las imágenes y en el movimiento de los animales.

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Una de las imágenes de los flamencos del documental.

Este recorrido llevó al equipo técnico a viajar por todo el mundo durante 3 años para, en la casi hora y media que dura el documental, enseñarnos entre otras especies grullas, albatros, petirrojos, pingüinos, gansos, flamencos, águilas y pelícanos.

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Detalle de la cabeza de una grulla que aparece en el documental.

Aunque las técnicas de grabación han evolucionado mucho en los últimos años (sobre todo en cuanto a la calidad de imagen se refiere), este documental destaca por el ingenio a la hora de grabar a las distintas especies. Ya que cada una de ellas tiene un tipo de vuelo diferente, la forma de grabarlas tenía que ser diferente en cada caso. Por ello se usaron diferentes artefactos como zodiacs, ala deltas, fragatas, barcos (desde donde se rodó el vuelo de los pelícanos) y globos aerostáticos (desde donde se rodó el vuelo circular de las cigüeñas).

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Técnica de grabación usada en la película.

Si después de leer esta entrada aún no te han entrado ganas de ver el documental…¡seguro que te entran después de ver este vídeo!