La huerta en Invierno II

Bienvenidos de nuevo a nuestra huerta de invierno. Ya hablamos en otra entrada del blog (La huerta en Invierno I) sobre distintas técnicas propias de la agricultura ecológica para combatir los estragos que las heladas pueden causar en los cultivos en esta época del año. En esta segunda parte nos referiremos a las especies de hortalizas más representativas del invierno y sus características principales.

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Nuestra huerta un día de lluvia en invierno: habas, remolachas y manta térmica.

 

Ajo (Allium sativum): Los ajos pertenecen a la familia de las liliáceas (del latín liliaceus que significa “propio del lirio”). Las hortalizas de esta familia taxonómica tiene las hojas alargadas y paralelinervas (con los nervios en paralelo en vez de ramificados como en la mayoría de angiospermas) y son poco exigentes en nitrógeno (excepto el puerro). El ajo prefiere los climas cálidos y secos, aunque soporta bien el frío. Se siembran los dientes directamente en el suelo (reproducción vegetativa) entre los meses de diciembre y enero (en el sureste madrileño). Necesitan un marco de plantación de unos  20 x 10 cm y sus raíces son superficiales (no requieren suelos muy profundos). Asocian bien con la mayoría de hortalizas (menos con las leguminosas), ya que son repelentes de insectos y ratones y previenen de enfermedades causadas por hongos y bacterias . Tambien tiene multitud de propiedades beneficiosas para el organismo humano ya que con su consumo mejora la circulación, es antihelmíntico (previene las lombrices), antibiótico, para diarrea, y corrige la hipertensión y la artioesclerosis.

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Ilustración de ajos trenzados.

 

Remolacha (Beta vulgaris conditiva): La remolacha pertenece a la familia taxonómica de las quenopodiáceas. El nombre significa pata de ganso, aludiendo a la forma de las hojas de alguna de sus especies. Las hortalizas de esta familia son ricas en nitratos y ácido oxálico (poco digestivo) y a este grupo pertenecen también las espinacas y las acelgas. La remolacha prefiere los climas húmedos y soporta mejor el frío y la lluvia que las sequías largas. Se puede plantar en semillero protegido desde enero, se trasplanta cuando tenga 4 ó 5 hojitas y se cosecha de dos a cinco meses más tarde. Tiene una exigencia media de nutrientes y necesita bastante riego. Asocia muy bien con las coles y el pepino.

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Remolacha a punto de ser recoelctada. Fuente: http://huertasostenible.blogspot.com.es

 

Coles (Brassica oleraciea):  A esta sección de hortalizas pertenecen el repollo, la lombarda, la berza, el brócoli, las coles de bruselas y los colirrábanos. Son de la familia taxonómica de las crucíferas, nombradas de esta manera debido a sus flores en forma de cruz. Se pueden sembrar en otoño o primavera, pero en el primer caso se cosecharán pasado más tiempo. Soportan bien las heladas y necesitan mucho riego. Son una de las verduras más antiguas de las que se tiene constancia y se les atribuye propiedades anticancerígenas.

 

La huerta en Invierno I

A pesar del creciente interés en la agricultura ecológica durante los últimos años en el mundo divulgativo, en la época invernal se suele dejar ligeramente aparcada dicha materia. Si bien es cierto que el huerto tiene su actividad más baja en esta época, ello no implica que dicha tarea carezca de importancia. Por ello, pasamos a enumerar algunas de las principales tareas del huerto del sureste madrileño en invierno.

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Ilustración del Centro el Campillo en invierno.

El primer cambio que hay que tener en cuenta con la llegada del invierno, son las heladas. Para que éstas no hagan estragos en nuestra cosecha utilizaremos mantas térmicas que colocaremos encima de los cultivos que permanecerán en tierra durante los días más fríos del año. Y, en caso de que alguna sección de los conductos utilizados para el riego esté compuesta de un material no flexible como puede ser el metal, será recomendable retirar el riego durante la temporada invernal.

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Ilustración de manta térmica.

Otra forma de combatir el frío invernal, o adelantarse a la primavera y comenzar con semilleros antes de su temporada es la técnica de la cama caliente. Está basada en la generación de energía, y por tanto de calor de los microorganismos encargados de la descomposición de la materia orgánica. La manera más sencilla de conseguirlo es cavar un rectángulo de unos 50 cm de profundidad, donde se rellenará una primera capa de estiércol fresco, otra más fina de arena de río y en la superficie, una capa de unos 25 cm de profundidad de sustrato apto para semilleros (no compost fresco, que todavía sea ácido y caliente ya que podría quemar las raíces).

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Ilustración esquemática de cama caliente.

De esta forma el calor generado por los microorganismos del estiércol fresco se traspasa al sustrato sin llegar a alcanzar temperaturas excesivamente elevadas para las raíces incipientes de las hortalizas gracias al aislamiento parcial de temperatura que supone la barrera de arena de río. Con este tipo de técnicas el hortelano se puede asegurar hasta 20 o 25ºC en la tierra de plantación durante un mes. Cuanto más pretendamos adelantarnos a la primavera más necesario se hará reforzar dichas técnicas con otras como las mantas térmicas que hemos visto anteriormente o plásticos o cristales a modo de invernadero.

En la próxima entrada seguiremos hablando de nuestra huerta de invierno. ¡Hasta la próxima!