El Sauce (Salix alba)

En los bosques de ribera del Parque Regional del Sureste encontramos una especie arbórea-arbustiva conocida como sauce blanco (Salix alba). Este árbol crece en zonas asociadas a cursos o masa de agua,  en terrenos arenosos y areno-arcillosos; por lo que se encuentra muy presente en las orillas de la Laguna del Campillo. Además, como soporta temperaturas muy bajas, lo podemos observar hasta los 1.900 metros de altitud.

ilustracion sauce

Detalles del Sauce blanco.

 

El sauce blanco puede alcanzar los 25 metros de altura, aunque es muy frecuente encontrarlo en porte arbustivo. Presenta un tronco erguido y corteza grisácea. Sus hojas son caducas, simples, alternas, lanceoladas u oblongo-lanceoladas, de margen aserrado y punta alargada, brillantes por el haz y de aspecto blanquecino y sedoso por el envés. Las flores nacen en primavera en largos filamentos llamados amentos. Los frutos son cápsulas que se abren al madurar y liberan las semillas envueltas en un tejido algodonoso que favorece su dispersión por el viento.

Sauce ribera

Sauces blancos en la ribera del río. Fuente: arbolapp

 

Su madera, que es muy ligera, ha sido empleada para tejados, vigas, tornería, en molinos, toneles, para hacer arcos, aros, mangos de rastrillos, cerillas, palillos, esculturas, zuecos y piezas de ortopedia. Varias especies del género Salix, también conocido como mimbre, son utilizadas en cestería, la más utilizada es el Salix triandra, debido a su fácil cultivo y mejor calidad. Las ramas jóvenes de Salix alba, también son utilizadas en cestería aunque en trabajos más bastos.

Sauce

Sauce blanco Fuente: arbolapp

 

Al ser un árbol de crecimiento rápido y que produce un denso entramado de raíces fibrosas, se utiliza en restauración de riberas para la protección de los cauces de los ríos. Todas las especies de sauces contienen salicina, un compuesto precursor del ácido salicílico y por tanto del ácido acetil-salicílico o aspirina (nombre comercial), en la actualidad este compuesto se sintetiza químicamente, antes se utilizaban su corteza como febrífugos, tónicos, sedantes y antirreumáticos.

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El Taray (Tamarix gallica)

En anteriores entradas os hemos presentado especies típicas que forman la flora del Parque Regional del Sureste de Madrid como son el olmo (Ulmus minor), la retama de bolas (Retama sphaerocarpa) o el junco churrero (Scirpus holoschoenus). Hoy queremos hablaros  de otra: el taray (Tamarix gallica).

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Tarajal en la senda de Soto de las Juntas

El taray  es un pequeño árbol o arbusto que puede alcanzar los diez metros de altura. Vive en ambientes húmedos, tradicionalmente salinos y en el Parque Regional del Sureste lo encontramos en los humedales de gravera y sotos de ribera. Su nombre en latín, Tamarix, era el nombre con el que los romanos se referían a esta especie. Se cree que su origen es africano o semítico, tal vez derivado de mārar (amargo), con el prefijo semita ta-. Es semejante al árabe vulgar taráj, de donde deriva el nombre español, taray.

detalle hojas con logo

Detalle de las hojas del taray.

Sus hojas son pequeñas, glaucas  y escuamiformes, es decir, hojitas diminutas de color verde claro y con forma de escama. Por otro lado, su corteza es áspera y de un color gris oscuro que se vuelve más rojo en los ramas. Estas últimas son delgadas, largas y flexibles. Sus flores son de rosadas a blancas y forman espigas largas y colgantes apareciendo de abril a junio formando frutos con forma de diminutas cápsulas donde se encuentran sus pequeñas semillas.

detalle ramitas con logo

Detalle de las ramas del taray.

Esta planta se utiliza por sus propiedades astringentes. Tanto sus ramitas con sus pequeñas hojas como su corteza, son empleadas para preparar un cocimiento hervido. Se toman varias tazas al día para cortar la diarrea y es mejor tomarla sin azúcar. También se dice que los magos de Persia tallaban sus varitas de adivinación en madera de esta especie.

flores con logo

Detalle de las flores del taray.

Fuentes:

  • Coord. FERNÁNDEZ, Manuel (2005): Guía de la Naturaleza en el Parque Regional del Sureste, Grupo Naumanni, Rivas-Vaciamadrid, España
  • LÓPEZ, Ginés (2010): Guía de los árboles y arbustos de la Península Ibérica y Baleares, Ediciones Mundi-Prensa, Madrid, España
  • STERRY, Paul, (2000): Flora y Fauna de España y del Mediterráneo, Lynx Edicions, Barcelona, España
  • FONT QUER, Pío (2003): Plantas medicinales, El Dioscórides renovado. Ediciones Península, Barcelona, España

El Olmo (Ulmus minor)

En los bosques de ribera del Parque Regional del Sureste encontramos una especie arbórea muy conocida: el olmo (Ulmus minor). Este árbol crece en la banda de vegetación del bosque de ribera más alejada del agua en suelos profundos y climas templados.

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Olmeda en el camino que recorre la laguna de “El soto de las Juntas”

El olmo tiene porte robusto y elevado, pudiendo alcanzar los 30 metros de altura. Sus hojas son caducas, simples, de borde aserrado, puntiagudas en el extremo y redondeadas, con base asimétrica, es decir, posee una de las mitades más desarrollada que la otra.

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Hojas y sámaras maduras en una rama de olmo.

Sus flores aparecen a finales del invierno (entre febrero y marzo) formando inflorescencias (flores agrupadas que nacen en un mismo tallo). Los frutos tienen forma de sámara con un ala que rodea por completo la semilla y pasan del verde claro y rojo alrededor de la semilla al pardo amarillento cuando van a caer del árbol en abril. El fruto madura diseminando sus semillas antes de que las hojas estén completamente formadas.

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Inflorescencias en las ramas de los olmos.

La madera del olmo, de color marrón clara, es fácil de trabajar, difícil de hendir y muy resistente a la putrefacción si se mantiene húmeda. Por su facilidad para ser trasplantado, ha sido ampliamente utilizado en construcción y ornamentación desde muy antiguo.

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Ramas de olmo repletas de sámaras inmaduras.

Desgraciadamente, este árbol se está viendo afectado por una enfermedad letal que ha diezmado su población: la grafiosis. Desde  principios de siglo XX (1918), cuando apareció por primera vez en Europa, la grafiosis de los olmos ha demostrado ser una de las enfermedades forestales más devastadoras que se conocen.