Golondrina común (Hirundo rustica)

El verano no es solo sinónimo de calor, sino también de vacaciones y, por supuesto, moscas y mosquitos. Y entre los grandes aliados naturales para combatir a estos molestos insectos se encuentra una de las aves estivales más comunes y conocidas de nuestro país: la golondrina.

Este acrobático pájaro de 18 cm de longitud, 33 cm de envergadura y tan solo 20-25 gramos de peso, aunque también se alimenta de hormigas voladoras, avispas, chinches, pequeños escarabajos y otros insectos voladores, gracias a vuelos de persecución a baja altura, puede llegar a comer hasta 850 moscas y mosquitos al día gracias a su corto y ancho pico.

Adulto vigilando el nido.

Para reconocerla y diferenciarla de otras aves a simple vista parecidas (aviones, vencejos y su pariente la golondrina daúrica) tendremos que fijarnos en su cola larga y ahorquillada negra con manchas blancas y rectrices externas muy alargadas, collar pectoral oscuro, su frente y garganta de color rojo, su vientre blanco crema y su dorso negro con reflejos azules metálicos en la parte superior.

Individuo descansando en una rama.

De las 6 subespecies que existen en el mundo, es la subespecie Hirundo rustica rustica la que llega a nuestras latitudes, haciéndolo a partir del mes de marzo, y permanece junto a nosotros hasta final de verano (aunque la llegada cada vez se está produciendo antes por el cambio climático y las fechas varían en función de la zona de la Península en la que nos encontremos).

Los machos, que llegan primero, vuelven al nido donde criaron la temporada anterior y esperan a su pareja (son monógamos) para, entre ambos, restaurarlo o volverlo a construir. Esto lo consiguen gracias al uso de barro, paja y saliva de su boca que van juntando bolita a bolita hasta formar un medio cuenco que cuelga de alguna pared pegado al techo. Suelen construirlo en edificaciones tanto urbanas como campestres (cuadras, porches, aleros de tejados, casas, etc.) con zonas abiertas en los alrededores (vegas, pastizales, campiñas, etc.).

La hembra realiza una puesta formada por unos 4-5 huevos de color crema y con pintas rojizas que incuba durante alrededor de 15 días. Tras la eclosión, los pollos son alimentados por ambos progenitores durante unos 22-25 días hasta que abandonan el nido. La independencia de los pollos da paso a una nueva puesta de la hembra que puede llegar a poner hasta 3 en cada temporada reproductora.

Pollos en un nido construido en nuestro edificio.

Para poner de manifiesto el acusado descenso de sus poblaciones (30 %) fue nombrada Ave del Año en 2014. Los motivos que causaron esta pérdida fueron: el uso de pesticidas en agricultura (que elimina sus fuentes de alimentación y afectando así su capacidad de reproducción) y el despoblamiento rural, el abandono de los usos tradicionales y los nuevos estilos de arquitectura que provocan la pérdida de lugares adecuados para anidar.

En El Campillo, les encanta sobrevolar la laguna buscando insectos de los que alimentarse o realizar vuelos rasantes para coger agua para beber. Así que ya sabes, si quieres disfrutar de ellas, vente con tus prismáticos, localiza un buen sitio para sentarte… ¡y a observar a las golondrinas!

Información:

“Aves de España”. Eduardo de Juana yjuan M. Varela.

Guía de campo de las aves de España y Europa. Rob Hume. Ediciones Omega.

Abejaruco europeo (Merops apiaster)

Desde hace unas semanas, en los alrededores del centro El Campillo, ya se puede escuchar un característico reclamo ¡son los abejarucos que lo emiten constantemente mientras vuelan! Se trata de un ave estival que cada primavera regresa de su lugar de invernada, África. Lo podemos encontrar por toda la Península excepto en el norte. Con suerte, podremos verlo descansar posado en la rama de un árbol y casi nunca en el suelo, pero lo más habitual es verlo realizando su vuelo acrobático.

Su longitud es de apenas 30 cm, sin embargo, es una de las aves más vistosas debido a su exótico colorido. Posee tonos rojizos, amarillos y verdes en sus partes dorsales, azul verdoso en zonas inferiores y ojos rojos. Muy llamativo también su cuello amarillo delimitado por un “collar” y un antifaz negros. El dorso de los machos es más oscuro y brillante, las alas y el obispillo de las hembras es más verdoso y los jóvenes tienen el iris marrón y con la línea negra del cuello poco definida.

Posee un pico largo, fino y algo curvado que utiliza para capturar en vuelo abejas y otros insectos de gran tamaño como avispas o libélulas, siendo inmunes a las picaduras, aunque a veces les quita el aguijón rozándolos contra un tronco o una roca antes de engullirlos.

Fuente: Pixabay

Puede criar tanto de forma aislada, como en grandes colonias. En el Parque Regional del Sureste aprovecha los taludes del bosque de ribera, humedales y cortados para excavar túneles de hasta dos metros para nidificar. Con un agujero circular de entrada y al fondo un ensanchamiento, el túnel es siempre recto y permite la visión del exterior. Lo suelen construir entre la hembra y el macho en unas dos semanas, utilizan el pico y las patas para sacar tierra, la parte de la punta del pico que se les desgasta durante los trabajos de excavación vuelve a crecer posteriormente. En ocasiones hacen varios nidos como estrategia para distraer a los depredadores, como pueden ser zorros o culebras.

Tienen una única puesta al año con entre 4 y 7 huevos incubados por los dos progenitores durante aproximadamente 20 días. Los pollos suelen nacer con una diferencia de edad igual al retardo en la puesta de cada huevo. Por este motivo, se da una estrategia típica de rapaces que consiste en que los pollos nacidos antes, más grandes, se impones a sus hermanos a la hora de recibir el alimento. Esto supone que su supervivencia esté muy condicionada por la abundancia de alimento

Aunque no es una especie amenazada, el paulatino descenso en las poblaciones de abejas y otros insectos supone un factor preocupante, entre otras cosas, debido al uso de pesticidas en la agricultura. Además, a veces son perseguidos por los apicultores, que no están muy conformes con los hábitos alimenticios del abejaruco.

Por otro lado, su conservación está muy condicionada a la presencia de lugares adecuados para nidificar, por lo que podríamos decir que se ha beneficiado de la construcción de edificios y carreteras, puesto que las graveras y terrenos excavados le facilitan más bancos artificiales de arena de los que encontraría en la naturaleza para criar. Esto también genera inconvenientes, ya que se están perdiendo grandes colonias, debido a las molestias ocasionadas por la expansión urbanística y el turismo.

Fuentes:

Cigüeñuela común (Himantopus himantopus)

Seguramente la más grácil y elegante de las aves limícolas presentes en el Parque Regional del Sureste sea la cigüeñuela (Himantopus himantopus). Sus largas patas rojizas, su negro pico largo y fino, su cuerpo blanco, un píleo con un variable tamaño de color negro, sus alas oscuras (parduzcas en el caso de la hembra, negras con iridiscencias en el macho) y su característico caminar, la convierten en un ave inconfundible.

Fundamentalmente estival y con tan solo unas cuantas decenas de parejas en el Parque Regional del Sureste, aunque con poblaciones invernantes en el sur peninsular, le gusta vivir en aguas someras de masas acuáticas naturales (deltas, lagunas costeras, lagos poco profundos, marjales, márgenes de ríos e isletas de sustrato arenoso con poca vegetación), pero también se la puede observar en ambientes antropizados (arrozales, salinas, zonas de regadío).

Su alimentación carnívora se basa fundamentalmente en invertebrados acuáticos, en su mayoría insectos, que captura a través de rápidos picotazos mientras están posadas en la lámina de agua, sobre la vegetación o bajo esta, incluso en vuelo.

La reproducción comienza generalmente a finales del mes de abril. Tras el cortejo y la cópula, cada hembra pone cuatro huevos de color ocre pálido en un sencillo nido junto a otros nidos de la especie, ya que cría en colonias de número variable. En poco menos de un mes los huevos eclosionan y de ellos nacen pollos que en nada se parecen a los adultos ya que presentan una coloración marrón jaspeada en la parte superior del cuerpo. Las crías se desarrollan en unos 30 días llegando a alcanzar 35 cm de longitud y una envergadura de hasta 83 cm en tamaño adulto.

La especies está incluida en el Listado de Especies Silvestres de Régimen de Protección Especial del Ministerio, además de ser objeto de protección del Convenio de Bonn de especies migratorias. Como el resto de especies limícolas o aves ligadas a humedales, la principal amenaza que se cierne sobre la especie es la degradación y desaparición de los humedales. Además, sus poblaciones se están viendo afectadas por la depredación por parte de perros y ratas y por el uso de sustancias tóxicas en agricultura.

Fuentes:

Sociedad Española de Ornitología

www.vertebradosibéricos.com

“Guía de la Naturaleza en el Parque Regional del Sureste”. Grupo NAUMANI. 2005.

“Guía de campo de las aves de España y Europa”. Rob Hume. Ediciones Omega. 2002.

Milano negro (Milvus migrans)

Dedicamos esta entrada a un ave que se encuentra entre las rapaces diurnas que eligen la época estival para asentarse en la Península y, en concreto, desde hace unas semanas podemos verla con facilidad en el Soto de las Juntas, dentro del Parque Regional del Sureste.

El milano negro (Milvus migrans) es una especie migrante transahariana que cruza el estrecho de Gibraltar de marzo a mayo para pasar su periodo reproductor en Europa y entre agosto y octubre retornan a África para invernar. A esta población reproductora hay que sumar una importante población denominada “flotante” de adultos no emparejados e inmaduros.

En España, el milano negro sólo nidifica en territorio peninsular (en las islas puede ser observado en migración), y está presente en casi todas las provincias, siendo particularmente raro en el cuadrante suroriental de la Península y la costa mediterránea, y relativamente escaso en Galicia y Asturias. A nivel europeo, se han descrito diferentes subespecies y los núcleos más importantes se encuentran en Rusia, España, Francia y Alemania.

Milano negro en el bosque de ribera.

Nidifica mayoritariamente en árboles (plataforma usada durante varias temporadas, situada en la horquilla principal del árbol o en una gran rama, construida principalmente con palos pero que también puede contener plásticos, papeles y otros restos) en sotos, dehesas o pinares y preferentemente en áreas cercanas a masas de agua. Sin embargo, de manera excepcional en el Parque Regional del Sureste, llegó a modificar sus costumbres utilizando las paredes rocosas de los cortados yesíferos para anidar.

Para cazar prefiere áreas más o menos abiertas, así como las orillas de ríos y humedales, atrapa con las garras a sus presas de la superficie del agua y posteriormente se las va comiendo en el aire. Es una especie carnívora oportunista con una dieta muy variada, desde pequeños roedores hasta conejos, además de aves, anfibios, reptiles, peces y grandes insectos.

No posee una gran capacidad predadora por lo que es frecuente que capture presas enfermas o jóvenes. Además, se comporta como carroñero de animales atropellados en carretera y en ocasiones practica el cleptoparasitismo (robo del alimento a otros predadores), tanto hacia otras rapaces como hacia miembros de su misma especie. También es habitual que exploten las situaciones de superabundancia de alimento que puedan producirse en el territorio que frecuentan. Y en el caso de individuos no reproductores, los muladares y vertederos pueden constituir un recurso alimenticio muy importante.

Milano negro sobrevolando la Huerta Calamón.

Con respecto a su aspecto, es una rapaz de mediano tamaño, en el adulto predominan los marrones oscuros, tiene la cabeza más clara, de color grisáceo y la cola ahorquillada. La forma de volar también nos da pistas para su identificación, planea en círculos con las alas ligeramente arqueadas y la cola a menudo abierta, ladeandola para maniobrar. En ocasiones forma grandes grupos.

Puede generar confusión con el milano real (Milvus milvus) (este es de mayor tamaño, tiene la cola más escotada y un vuelo más elegante), el águila calzada oscura (Hieraaetus pennatus) y con el juvenil del aguilucho lagunero (Circus aeruginosus).

Sus principales amenazas son el uso ilegal de veneno, accidentes en tendido eléctricos, atropello en carreteras o líneas de ferrocarril, colisión en parques eólicos, o la desaparición de las tradicionales fuentes de alimentación, como basureros y muladares, así como por la contaminación por productos fitosanitarios.

Actualmente su categoría de conservación es “No Amenazado” según el Libro rojo de los vertebrados de España y de “preocupación menor” en la Lista Roja de la UICN de Especies Amenazadas.

Fuentes:

Avutarda (Otis tarda)

Tal y como ya os contamos en una de las entradas en nuestro blog, en el Parque Regional del Sureste podemos, con un poquito de suerte, observar al ave voladora más pesada: la avutarda (Otis tarda). Un ave inconfundible, tanto por su gran tamaño (el macho, más grande que la hembra, puede llegar a pesar 20 kg), como por su plumaje con tonos pardos, rojizos y dorados que tanto el macho como la hembra poseen (siendo el plumaje de las hembras algo más apagado).

Avutarda común (Otis tarda). Fuente: seo.org

Su hábitat está ligado a las extensas llanuras cerealistas y grandes campos de labor, zonas desarboladas, llanas y dedicadas al cultivo de cereales de secano. Por eso en el Parque Regional del Sureste la podemos observar, por ejemplo, en las estepas cerealistas de Pinto.

Su alimentación depende de la estación del año en la que se encuentren. En primavera y verano consumen grandes cantidades de insectos (saltamontes, grillos…) acompañando la dieta de brotes y semillas. En otoño e invierno se alimentan generalmente de leguminosas y de manera puntual pueden comer algún pequeño vertebrado, tales como lagartijas o roedores.

La búsqueda de la pareja idónea para llevar a cabo la reproducción es un aspecto fundamental, es por ello que las aves llevan a cabo diferentes estrategias de reproducción.

En el caso de las avutardas, el sistema de reproducción se denomina “lek agregado”, esto significa que los machos eligen un territorio idóneo para agruparse y estar disponibles y visibles para que las hembras seleccionen al macho idóneo y copular con él. Para ser seleccionados, los machos desarrollan unas plumas duras y tiesas que salen de su mandíbula inferior llamados “barbones” y emiten algunas vocalizaciones.

https://youtu.be/gxBMxVsyo8s

Una vez realizada la cópula, es la hembra la que se encarga de incubar y criar a los pollos, mientras los machos se despreocupan del cuidado de las crías. Para ello, preparan un sencillo y poco desarrollado nido en el que ponen hasta 3 huevos que estarán incubados durante 3 ó 4 semanas hasta que eclosionan naciendo unos pollos que son capaces de desplazarse junto a su madre en busca de alimento nada más nacer.

  • Panel de divulgación del C.E.A. El Campillo.
  • Panel de divulgación del C.E.A. El Campillo.

Además de estar incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, está catalogada como “Vulnerable” tanto en el Libro Rojo de las aves de España, como por la UICN. Esto es debido a su bajo éxito reproductor y a los efectos negativos derivados de las constantes molestias humanas: la colisión contra tendidos eléctricos, la caza furtiva de machos en primavera, los accidentes contra alambradas y la depredación a cargo de perros asilvestrados.

Sin embargo, su principal problema en la actualidad es la pérdida de hábitat como consecuencia de la intensificación agrícola, la simplificación del paisaje y la proliferación de infraestructuras y urbanizaciones, lo que provoca la desaparición de los lugares de reproducción, una disminución en la disponibilidad de alimento y una menor productividad.

Fuentes consultadas:

https://www.mncn.csic.es/es/comunicacion/blog/leks-de-avutarda-el-dificil-equilibrio-entre-atraer-hembras-y-protegerse-frente

Gallineta común (Gallinula chloropus)

Hoy hablamos de un ave un poco más tímida que la focha y que podemos encontrar fácilmente durante todo el año por las orillas de las lagunas del Parque Regional del Sureste, aunque se ve más en invierno, cuando se alimenta en zonas abiertas, picoteando en las orillas como una gallina.

La gallineta común (Gallinula chloropus), también conocida como polla de agua, es uno de los rálidos más abundantes y extendidos de Europa. Al igual que sucede en la Península Ibérica, en la Comunidad de Madrid tiene una distribución muy amplia, siempre que haya agua la podemos encontrar en lagunas, graveras, embalses, ríos e incluso en estanques.

Gallineta común (Gallinula chloropus)

Es un ave mayoritariamente sedentaria. En invierno ocupa hábitats similares a los ocupados durante la época de cría, existen además ejemplares procedentes del centro y norte de Europa que utilizan nuestros humedales como zona de paso e invernada. No son grandes voladoras, aún así tienen mucha capacidad de colonización y una facilidad especial para adaptarse a los ambientes transformados por el ser humano.

Tienen preferencia por las graveras, donde utilizan lugares poco profundos o encharcados con zonas de abundante vegetación palustre como el carrizo y la enea o espadaña que constituyen un medio muy cerrado perfecto para utilizarlo como refugio. En los ríos es frecuente encontrarla entre la vegetación de sus orillas y en las islas formadas en su cauce.

Gallineta nadando en la laguna de El Campillo.

En su alimentación omnívora, prefiere el alimento vegetal, por ejemplo la inflorescencia del carrizo es una parte importante en su dieta invernal, a veces incluyen algún pequeño vertebrado, carroña e incluso, puede ingerir ciertas cantidades de basura.

Tonos parduzcos de las alas y plumas blancas en la cola y costados.

Como comentamos al principio, su aspecto nos recuerda al de una gallina. Pero en este caso, el adulto es negro grisáceo de alas parduzcas con el pico rojo de punta amarilla y placa frontal roja en la cabeza. Tiene algunas plumas blancas cerca de la cola y en los costados. Mantiene la cola alta y la sacude al andar y al nadar. Las patas son verdosas y en ocasiones se aprecia una franja roja. Tiene los dedos de las patas muy largos para caminar sobre el barro húmedo o la vegetación flotante. A pesar de que éstos no tienen lóbulos entre ellos, son buenas nadadoras.

En las gallinetas jóvenes, al contrario que los adultos, dominan los tonos marrones con tintes verdosos; además, carecen de escudete frontal. Los pollos tienen espolones en las alas para ayudarse a subir al nido o agarrase a la vegetación.

Familia de gallinetas en el nido construido entre la vegetación palustre.

Aunque en principio no sufren grandes amenazas, pueden tener problemas como consecuencia de la pérdida de humedales o la depredación por parte de especies introducidas.

Fuentes:

  • Guía de fauna del Parque Regional del Sureste. Red de Centros de Educación Ambiental de la Comunidad de Madrid.
  • Atlas de las Aves Invernantes de Madrid 1999 -2001. SEO-Monticola y Comunidad de Madrid.
  • Guía de las aves de España SEO/BirdLife: https://www.seo.org/ave/gallineta-comun/

Martín pescador común (Alcedo atthis)

Nuestro protagonista de hoy se caracteriza porque, a pesar de su pequeño tamaño, es uno de los más vistosos y llamativos de entre toda la avifauna que podemos contemplar en el Parque Regional del Sureste.

El martín pescador (Alcedo atthis) mide tan solo 17 centímetros, en proporción con su cuerpo compacto tiene la cabeza grande, el pico es negro y largo y las alas anchas, mientras que las patas y la cola son cortas. Su plumaje es rojo anaranjado por debajo (región ventral) y de un azul brillante y metalizado por la parte dorsal, a veces torna a tonos verdosos. También tiene una mancha blanca en la garganta y en los laterales del cuello.

La diferencia entre machos y hembras es muy sutil, tenemos que fijarnos en la tonalidad de la parte inferior del pico, que es negra en el macho y anaranjada en la hembra. Igual pasa con los jóvenes, solo se diferencian de un adulto porque su coloración es más turquesa y porque, mientras que los adultos tienen las patas de un rojizo intenso, las de estos son más oscuras.

Martín pescador observado a través del telescopio.

Su distribución es muy amplia por toda Europa, norte de África y Asia central y meridional. A nivel peninsular está bastante repartido y en la Comunidad de Madrid se encuentra de forma irregular, con preferencia por altitudes medias. Normalmente ocupa tramos de ríos y lagunas con aguas claras y no demasiado rápidas, en orillas provistas de taludes y una vegetación palustre más o menos densa. Aunque podemos encontrarlos durante todo el año, se muestran más activos en primavera. Son bastante esquivos pero fáciles de reconocer como un destello azul turquesa que se precipita en el río o la laguna, mientras emite un agudo y penetrante “chii”.

Martín pescador visto desde el mirador de la exposición del CEA El Campillo.

Su nombre nos da una pista sobre el componente fundamental de su dieta, los peces, aunque también se alimenta de renacuajos, pequeños crustáceos e insectos acuáticos. Para pescar se posa sobre ramas en zonas donde el agua está mansa, y gracias a su precisa visión localiza a su presa y con ayuda de la fuerza muscular de sus alas se lanza al agua de cabeza y a gran velocidad. Su pico en forma de cuña le permite penetrar en el agua sin salpicaduras. Luego vuelve a su posadero e ingiere a la presa, primero la cabeza, con las espinas y las escamas a favor para evitar hacerse daño.

Martín pescador pescando a cámara lenta.

Excava su nido principalmente en taludes de ríos, primero hacen una galería de acceso para llegar a una cámara interior donde ponen entre 4 y 8 huevos, que tras aproximadamente tres semanas eclosionan. A veces ponen dos nidadas en un temporada y, raramente, hasta tres.

Martín pescador posado entre la vegetación de la laguna de El Campillo.

El martín pescador está catalogado como especie “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y aparece en el Libro Rojo de las aves de España como “Casi amenazado”. Se ve afectado negativamente por la pérdida de su hábitat ocasionada por las actividades humanas y la contaminación.

Os dejamos un programa de El hombre y la Tierra dedicado a esta espectacular ave:

https://www.rtve.es/alacarta/videos/el-hombre-y-la-tierra/hombre-tierra-fauna-iberica-martin-pescador/3298478/

Fuentes:

Gaviotas en el Campillo

Son muchos los visitantes que se sorprenden cuando caminando por la senda, divisan una gran mancha de puntos blancos y grises en el centro de la laguna. Y son muchos también los que se acercan preguntando qué son y la respuesta es desconcertante… son ni más ni menos que gaviotas. 

Juveniles de gaviotas en Galicia.

Históricamente las gaviotas son aves principalmente marinas, pero en los últimos años han ido colonizando nuevos territorios hasta llegar a Madrid. En El Campillo hemos identificado varias especies de gaviota, las más abundantes son reidora y sombría y en menor medida patiamarilla y tridáctila.

La primeras en cambiar la costa por el interior fueron las gaviotas reidoras. Son aves de pequeño tamaño, comparadas con el resto de las de su especie,  de color gris en la parte dorsal y blanca en la parte ventral, con una mancha de color marrón oscuro en la cabeza durante la época reproductora, la cual queda reducida a una pequeña mancha auricular el resto del año.

Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus). Fuente SEO/BirdLife

Más tarde aparecieron gaviotas sombrías, las cuales gracias a su versatilidad y capacidad de adaptación, han conseguido conquistar buena parte del territorio que antes dominaban las gaviotas reidoras. Son de tamaño considerablemente más grande que las demás y son de color blanco con el dorso en gris oscuro. Destacan sus patas, pico e iris que son de color amarillo brillante y además presentan un anillo ocular rojo muy característico.

Gaviota sombría (Larus fuscus). Fuente SEO/BirdLife

Ambas especies son coloniales y es frecuente verlas formando grandes grupos cerca de lugares donde abunde el alimento, tales como humedales y vertederos. En el caso de las sombrías suelen invadir colonias de otras especies de gaviotas y robarles los huevos y los pollos.

¿Pero por qué aparecieron estas aves en Madrid? Normalmente las poblaciones migran desde sus zonas de cría en Europa hasta nuestro país, y cada vez son más las que eligen las zonas interiores donde obtienen comida regularmente. En las últimas dos décadas, en Madrid, se han llegado a superar los cien mil individuos en los meses de invierno.

Una bandada de gaviotas en un tramo del río Manzanares a su paso por Madrid. (Foto: Kike Rincón)

El principal motivo de su llegada a la capital es la gran capacidad que tienen para adaptarse y aprovechar las ventajas que les ofrecen los vertederos de residuos que se sitúan cerca de las grandes ciudades. Otra de las razones parece estar en la renaturalización del río Manzanares, estas aves se posan en el río a descansar y usan su cauce como vía que conecta sus zonas de alimentación diarias en el sur y sureste de Madrid, como es el caso del Parque Regional del Sureste, y los principales dormideros del norte, como son los embalses de Guadalix y Santillana.

Como ocurría en el caso de las cigüeñas blancas, la mayoría de las que vemos en la capital son poblaciones invernantes que no crían aquí, pero también hay una parte de la población joven que decide quedarse y pasar el resto del año en los humedales y ríos de la capital.

Fuentes:

Aves de España. Eduardo de Juana y Juan M. Varela.

Seo/BirdLife

https://www.larazon.es/madrid/20200203/7qs5rlwiwfg5bki26ovpqt5z54.html

https://www.madridiario.es/440884/fauna-aves-renaturalizacion-manzanares

Avefría europea (Vanellus vanellus)

De todas las especies de aves limícolas, seguramente la especie más fácil de identificar sea el avefría (Vanellus vanellus) la cual tenemos la suerte de tener en la superficie del Parque Regional del Sureste.

Al igual que especies como el petirrojo, podemos verla en la Península Ibérica durante todo el año, pero es más fácil hacerlo en invierno ya que su población aumenta con la llegada de individuos procedentes de Europa central y occidental a partir del mes de noviembre. La presencia de estos individuos invernantes, que permanecerán hasta el mes de marzo en nuestras latitudes, nos avisa de la llegada del frío (de ahí su nombre común Avefría y su nombre científico derivado del latín vannus, que aventa).

Ejemplar de avefría con su característico patrón de coloración.

De mediano tamaño (30 cm de longitud, 70 cm de envergadura, 250 gr de peso) y pico corto, la facilidad en su identificación radica en la cresta de finas plumas negras al final de su cabeza; su vientre y cara blancos; su píleo, frente, garganta y banda pectoral de color negro, y sus alas amarronadas con iridiscencias verdosas de las partes superiores en las mismas. En vuelo se aprecian sus alas largas y redondeadas de color blanco y negro.

Grupo de avefrías descansando en un islote en medio de un terreno inundado.

Especie gregaria, su dieta se compone fundamentalmente de invertebrados terrestres (milpiés, arañas, insectos, moluscos,…) que complementa ocasionalmente con algún pequeño vertebrado (ranas o peces) y algo de materia vegetal (semillas o gramíneas).

Su época de cría comienza en mayo con la puesta de cuatro huevos depositados en una leve depresión a veces cubierta con material vegetal. Tras una incubación de casi un mes, nacen unos pollos capaces de desplazarse y alimentarse por si mismos nada más salir del huevo que en 40 días habrán completado su desarrollo.

Habita preferiblemente herbazales, llanuras encharcables y áreas pantanosas. Sin embargo, muchos de estos hábitats han sido degradados o transformados por el ser humano (desecación, canalización de aguas, intensificación agrícola, graveras,…) por lo que han tenido que adaptarse a ambientes antropizados como pastizales o dehesas. Otras amenazas son la intensificación de la actividad ganadera en sus zonas de cría, los incendios y la depredación por parte de perros, ratas y córvidos.

Fuentes:

Sociedad Española de Ornitología

www.vertebradosibéricos.com

“Guía de la Naturaleza en el Parque Regional del Sureste”. Grupo NAUMANI. 2005.

“Guía de campo de las aves de España y Europa”. Rob Hume. Ediciones Omega. 2002.

Migraciones: grandes viajes para la supervivencia

Hay varios momentos a lo largo del año en los que, si nos paramos a mirar, veremos enormes bandos de aves surcando los cielos de El Campillo en una dirección determinada. Si estos bandos están realizando un viaje periódico entre distintas zonas, están realizando un viaje llamado migración. Los motivos por los que se realiza este viaje pueden ser varios: búsqueda de comida, encontrar un lugar para criar, evitar temperaturas muy bajas…

Grupo de grullas (Grus grus) sobrevolando la laguna de El Campillo durante su migración.

Puede parecer un viaje simple y sin importancia pero no lo es, sino que es un viaje vital para su supervivencia y que a la vez pone en juego su vida. ¿Por qué? Antes de comenzar este gran viaje hay que asegurarse de tener las reservas energéticas necesarias para su realización y estar bien preparados, para ello en algunos casos se producen cambios físicos (aumento de los músculos) y fisiológicos en el animal (los peces que cambian de agua dulce a salada aumentan su tolerancia a la sal).

Además, durante el viaje, el animal no solo va a encontrarse con inclemencias climáticas desfavorables, sino que también se expone a depredadores (más al final del viaje cuando las reservas energéticas escasean) y, en algunos casos, durante el viaje atraviesa grandes desiertos y océanos sin sitios donde protegerse o alimentarse.

¿Qué provoca la migración? Un cambio en la duración de los días, el incremento de hormonas reproductoras, la inquietud creciente y su ritmo innato son algunos de los factores que desencadenan la migración.

 

El cambio de color en las hojas de los bosques caducifolios marca la estación otoñal.

Pero… ¿cómo se orientan? Los animales que migran usan diferentes indicadores para navegar. Entre ellos se encuentran: el campo magnético terrestre, el sol, las estrellas, las cadenas montañosas, las líneas de costa e incluso los olores. Pero la verdadera navegación se basa en un mapa mental para determinar la posición con respecto a su destino. Y, por supuesto, en una información innata, ya que hay especies en las que los adultos migran primero y los juveniles parten después llegando al mismo lugar de manera independiente sin haber realizado antes la migración.

 

Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) durante su estancia en la laguna de El Campillo.

Aunque existen muchos tipos de migraciones podemos hacer una clasificación según diferentes criterios. Si nos basamos en la dirección del movimiento que hacen, tenemos tres tipos de migraciones diferentes. Por un lado estaría la migración latitudinal, es decir, la migración mediante la cual los animales se mueven en el eje norte-sur cambiando de latitud. Por otro, tendríamos la migración que se realiza en el eje este-oeste, la migración longitudinal (ya que el animal cambia de longitud). Esta generalmente se realiza entre interiores de los continentes y zonas costeras. Y por último, tendríamos la migración altitudinal, seguramente la menos conocida. Esta migración la realizan animales que viven en zonas montañosas y se mueven de una altitud a otra dentro de la montaña (mas arriba o mas abajo) a lo largo del año. 

Muchos petirrojos (Erithacus rubecula) viajan desde el centro y norte de Europa para invernar aquí.