Huerta de otoño

 

Os damos la bienvenida de nuevo a nuestra Huerta Caracol. En esta ocasión nos vamos a referir a las tareas hortícolas correspondientes a la época otoñal. El clima otoñal del sureste madrileño suele caracterizarse por un descenso de temperaturas medias que oscila aproximadamente entre 19ºC en Septiembre y 6ºC en Diciembre, llegando a helar sólo en contadas ocasiones y al final de la estación; Y también está caracterizado por producirse un aumento de la precipitación media (oscilando desde 18mm hasta 26mm).Debido a las condiciones descritas anteriormente el huerto experimenta algunos cambios, y por tanto surgen nuevos requerimientos para sacarlo adelante, como la retirada del riego por goteo al final de la estación, la retirada de los cultivos de verano, la preparación de la tierra y el comienzo de uso de técnicas para paliar las consecuencias de las heladas.

climograma

Climograma de temperaturas y precipitación media anuales en el Parque Regional del Sureste. Fuente: Atlas Básico Parque Regional del Sureste (Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Comunidad de Madrid)

El principio del otoño es uno de los momentos más prolíficos de la huerta y se pueden cosechar tomates, pimientos, berenjenas, calabazas, calabacines, maíz, girasol, melón, sandía, pepino, etc. Además es conveniente que aprovechemos el crecimiento de algunos de estos frutos para sacar semilla de aquellos ejemplares que más nos hayan gustado o que mejor se nos hayan dado esta temporada. De esta manera podemos ir conformando nuestro propio banco de semillas y así preservar aquellas especies que mejor crezcan en nuestro suelo y nuestro clima, y sean más sabrosas y resistentes a las plagas.

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En la mayoría de casos, sacar la semilla de las hortalizas es un proceso bastante sencillo. En primer lugar seleccionamos los especímenes con mejores atributos, si pueden ser, los primeros frutos producidos por la planta (en el caso de las hortalizas de fruto), esperamos a que éste alcance gran tamaño y/o madure, y procedemos a su extracción. En el caso de los frutos, al abrirlos, debemos hacerlo con cuidado para evitar dañar la semilla. Y en general, nos bastará con limpiarlos un poco con agua, y posteriormente dejarlos secar en un papel secante sin que le de la luz del sol. En los casos de semillas sin fruto carnoso, como puede ser el puerro, simplemente esperamos a que las semillas se sequen sin dejar que lleguen a caerse por sí mismas, de forma que se extraigan con facilidad pero no las perdamos en el suelo, y las almacenamos preferiblemente en papel o cartón y en un sitio seco y oscuro.

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Pero existen excepciones, hay especies en las que, al sacar la semilla, se ha de variar un poco el proceso. Este es el caso del tomate, cuyas semillas están recubiertas con una capa gelatinosa que las protege y evita su germinación. Por esto, debemos dejar fermentar las semillas junto con este compuesto gelatinoso durante un par de días para que cambie la naturaleza del mismo, y podamos deshacernos de esta protección simplemente con lavarlas con agua. Después dejamos secar las semillas en un papel secante, y por último las guardamos siguiendo el mismo proceso que con los puerros.

 

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